Filosofia: Cioran - Desgarradura - Parte 1 - Las dos verdades

Posted by Ricardo Marcenaro | Posted in | Posted on 18:45

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E. M. CIORAN

    DESGARRADURA


    (Ecartèlement, 1983)




Nacido en Rumania, en 1911, Cioran estudió y ejerció la cátedra de filosofía en su tierra natal. Luego viajó a París para doctorarse, y se quedó allí. Desde 1947 escribe en francés. A través de libros como «Breviario de podredumbre» (1949), «La tentación de existir» (1956) y «Del inconveniente de haber nacido» (1973), se ha convertido en uno de los mejores escritores contemporáneos en esa lengua.
 Hallamos aquí al Cioran de siempre: la misma precisión diabólica, la misma inquietud por la historia, el mismo furor ante la humillación de ser tan sólo un hombre. El autor hace pedazos la figura convencional del filósofo al no rebajarse nunca a "pensar por pensar».
Su obra describe una trayectoria que va de la lucidez en carne viva, insoportable, de sus primeros textos, a la promoción inexorable de la ironía, que en este libro es ya "la ley del mundo".
Dice en su ensayo «Después de la historia», aparecido en este volumen: "Los imperios se acaban víctimas de la descomposición o de la catástrofe, o de ambas cosas a la vez. Lo mismo sucede con la humanidad en general".

    

Las dos verdades

 "La hora de cierre ha sonado ya
 en los jardines de Occidente"
 Cyril Connolly

 Según una leyenda de inspiración gnóstica, en el cielo se desarrolló una lucha entre los ángeles en la cual los partidarios de Miguel vencieron a los del Dragón. Los ángeles indecisos que se limitaron a mirar fueron relegados a la Tierra, para que en ella llevasen a cabo la elección a la que no se habían resuelto arriba, elección tanto más penosa cuanto que no traían recuerdo alguno del combate y menos aún de su actitud equívoca.
 Así, la causa de la historia sería un titubeo y el hombre el resultado de una vacilación original, de la incapacidad para tomar partido en la que se hallaba, antes de su destierro. Arrojado a la tierra para aprender a optar, se verá condenado al acto, a la aventura, en la que podrá brillar sólo si ha asfixiado en sí mismo al espectador. Si el cielo permite, hasta cierto punto, la neutralidad, la historia, por el contrario, aparece como el castigo de quienes, antes de encarnarse, no hallaron ninguna razón para adherirse a un campo en lugar de al otro. Se comprende, pues, que los humanos tengan tanta prisa por abrazar una causa, por aglutinarse alrededor de una verdad. Pero, ¿alrededor de qué clase de verdad?
 El budismo tardío, especialmente la escuela Madyamika, subraya la oposición radical entre la verdad verdadera o paramartha, atributo del liberado, y la verdad relativa o samvriti, verdad velada, verdad de error más exactamente, privilegio o maldición del no emancipado.
 La verdad verdadera, que asume todos los riesgos, incluso el de la negación de toda verdad y el de la idea misma de verdad, es prerrogativa del inactivo, de quien se coloca deliberadamente fuera del círculo de los actos y sólo se interesa por la apropiación (brusca o metódica, da lo mismo) de la insustancialidad; apropiación que no va acompañada de ningún sentimiento de frustración, pues la apertura a la no realidad supone un misterioso enriquecimiento. Para él la historia será un mal sueño al que deberá resignarse, dado que nadie está en condiciones de elegir sus propias pesadillas.
 Para aprehender la esencia del proceso histórico, o más bien su falta de esencia, es preciso rendirse a la evidencia de que todas las verdades que acarrea son verdades erróneas, porque atribuyen una naturaleza propia a lo que carece de ella, una sustancia a aquello que no puede poseerla. La teoría de la doble verdad permite discernir el lugar que ocupa, en la escala de las irrealidades, la historia: paraíso de sonámbulos, obnubilación en marcha. En el fondo, no carece por completo de esencia, puesto que es esencia de engaño, clave de cuanto ciega, de cuanto ayuda a vivir en el tiempo.

    *

 Sarvakarmafalatyaga... Hace años, escribí esta palabra fascinante en grandes caracteres sobre una hoja de papel y la coloqué en la pared de mi habitación a fin de poder contemplarla todo el día. Estuvo allí varios meses; acabé quitándola al advertir que cada vez me apegaba más a su magia y menos a su contenido. Sin embargo, lo que significa, desapego del fruto del acto, es de tal trascendencia, que quien se impregnara de ello ya no tendría nada que realizar en la vida, pues habría alcanzado lo único que importa, la verdad verdadera, anuladora de todas las demás y vacía también pero de un vacío consciente de sí mismo. Imagínese una toma de conciencia suplementaria, un paso más hacia el despertar: quien lo efectuara no sería más que un fantasma.
 Cuando se ha palpado esta verdad límite se comienza a hacer un triste papel en la historia, la cual se confunde entonces con el conjunto de las verdades erróneas, verdades dinámicas cuyo inevitable principio es la ilusión. Aquellos que han despertado, los desengañados, fatalmente débiles, no pueden ser centro de ningún acontecimiento, pues han vislumbrado la inanidad. La interferencia de ambas verdades es fértil para el despertar, pero nefasta para el acto. Señala el comienzo de un resquebrajamiento, tanto en el individuo, como en una civilización o incluso en una raza.
 Antes del despertar se atraviesan horas de euforia, de irresponsabilidad, de embriaguez; pero al abuso de la ilusión sucede la saciedad. Quien ha despertado se halla despegado de todo, es el ex-fanático por antonomasia, alguien que no puede continuar soportando el peso de las quimeras, ya sean éstas tentadoras o grotescas. Tan lejos se encuentra de ellas que no entiende por qué especie de extravío llegaron a deslumbrarle. Gracias a ellas había podido brillar y afirmarse; ahora, tanto su pasado como su porvenir le parecen apenas imaginables. Ha dilapidado su sustancia, a semejanza de esos pueblos sometidos al demonio de la movilidad que evolucionan con demasiada rapidez y a fuerza de demoler ídolos acaban por quedarse sin ninguno de reserva. Charron observó que hubo en Florencia más efervescencia y desórdenes en diez años que entre los grisones en quinientos, de lo cual concluyó que una comunidad sólo puede subsistir si adormece su intelecto.
 Las sociedades arcaicas duraron tanto tiempo porque ignoraban el ansia de innovar, de postrarse continuamente ante nuevos simulacros. Cuando éstos cambian con cada generación, no puede esperarse una gran longevidad histórica. La antigua Grecia y la Europa moderna son tipos de civilización heridos de muerte precoz por su avidez de metamorfosis y su excesivo consumo de dioses y sucedáneos de dioses. China y Egipto gozaron durante milenios de una magnífica esclerosis, igual que las sociedades africanas, ahora también amenazadas por haber adoptado otro ritmo tras su contacto con Occidente. Habiendo perdido el monopolio del anquilosamiento, se agitan cada vez más, e inevitablemente van a venirse abajo como sus modelos, como esas civilizaciones febriles incapaces de resistir más de una decena de siglos. Los pueblos que en el futuro accedan a la hegemonía la disfrutarán menos tiempo aún: una historia jadeante ha sustituido de modo inexorable a la historia al ralenti. ¡Cómo no echar de menos a los faraones y a sus colegas chinos!
 Instituciones, sociedades y civilizaciones difieren en duración y significado, aunque se encuentran sometidas a una ley según la cual el impulso incontenible que produce su ascensión tiende a relajarse y amortiguarse al cabo de cierto tiempo; la decadencia corresponde siempre a un apaciguamiento de ese generador de fuerza que es el delirio. Comparados a los periodos de expansión o, para ser más exactos, de demencia, los de declive parecen razonables, y lo son, incluso demasiado, lo cual los hace casi tan nefastos como los otros.
 Un pueblo que se ha realizado, que ha derrochado sus talentos y explotado hasta el fin los recursos de su genio, expía ese triunfo no produciendo nada más. Ha cumplido su deber, aspira a vegetar; desgraciadamente, no lo conseguirá nunca. Cuando los romanos  o lo que quedaba de ellos  quisieron descansar por fin, los bárbaros, en masa, se pusieron en movimiento. En un libro sobre las invasiones puede leerse que los germanos que prestaban servicio en el ejército y la administración del imperio solían adoptar, hasta mediados del siglo V, nombres latinos. A partir de entonces el nombre germánico se impuso. Extenuados, retrocediendo en todos los terrenos, quienes ostentaban todavía el poder dejaron de ser temidos y respetados: ¿para qué llamarse como ellos? "Un fatal adormecimiento reinaba en todas partes", observa Salviano, el censor más acerbo de la delicuescencia antigua en su última etapa.

    *

 Una noche en el metro miré atentamente a mi alrededor: todos procedíamos de otro lugar... Entre nosotros, dos o tres figuras de aquí, siluetas azoradas que daban la impresión de pedir perdón por su presencia. El mismo espectáculo en Londres.
 Las migraciones no se realizan ya por desplazamientos compactos sino por infiltraciones sucesivas entre los "indígenas", demasiado exangües y distinguidos para rebajarse a la idea de un "territorio". Tras mil años de vigilancia, las puertas se abren... Si se piensa en la larga rivalidad que existió entre franceses e ingleses, y franceses y alemanes después, se diría que todos ellos, debilitándose recíprocamente, no tenían más objetivo que precipitar la hora de su hundimiento común para que otros especimenes de humanidad tomaran el relevo. La nueva Völkerwanderung, al igual que la antigua, suscitará una confusión étnica cuyas fases no pueden preverse con claridad. Ante cataduras tan dispares, la idea de una comunidad mínimamente homogénea resulta inconcebible. La posibilidad misma de una multitud tan heteróclita sugiere que en el espacio que ésta ocupe, no existía ya entre los autóctonos, el deseo de salvaguardar ni siquiera una sombra de identidad. Del millón de habitantes que tenía Roma en el siglo III de nuestra era, sólo sesenta mil eran latinos de origen. Cuando un pueblo realiza la idea histórica que tenía la misión de encarnar, se queda sin motivos para preservar sus diferencias, para cuidar su singularidad, para salvaguardar sus rasgos en medio de un caos de rostros.
 Después de haber dominado los dos hemisferios, los occidentales se están convirtiendo en el hazmerreír del mundo: espectros sutiles y ultrarrefinados, condenados a una condición de parias, de esclavos claudicantes y lábiles, a la que quizás escapen los rusos, esos últimos blancos. Ellos poseen aún orgullo, el motor, la causa de la historia. Cuando una nación deja de poseerlo y de creerse la razón o la excusa del universo se excluye a sí misma del porvenir: ha comprendido al fin  por suerte o por desgracia, según la óptica de cada uno. Y si esto desespera al ambicioso, fascina en cambio al meditativo ligeramente depravado. Sólo las naciones peligrosamente avanzadas merecen hoy nuestro interés, sobre todo cuando mantenemos relaciones poco claras con el Tiempo y giramos en torno a Clío por necesidad de castigo, de flagelación. Es esa necesidad la que incita a realizar cualquier obra, tanto las grandes como las insignificantes. Todos trabajamos contra nuestros propios intereses: no somos conscientes de ello mientras actuamos, pero si analizamos cualquier época advertiremos que nos agitamos y nos sacrificamos siempre por un enemigo virtual o declarado: los protagonistas de la Revolución por Bonaparte, Bonaparte por los Borbones, los Borbones por los Orleans... Tal vez la historia sólo debiera inspirarnos sarcasmo, quizás no posea objeto... Aunque sí, lo posee, y más de uno incluso, lo que sucede es que los alcanza al revés. El fenómeno es universalmente verificable. Realizamos lo contrario de lo que perseguimos, avanzamos en contra de la hermosa mentira que nos propusimos; de ahí el interés de las biografías, el menos molesto de los géneros dudosos. La voluntad nunca ha servido a nadie: lo más discutible de cuanto producimos es lo que más apreciamos y aquello por lo que nos infligimos mayores privaciones; esto es tan cierto de un escritor como de un conquistador, de cualquiera en realidad. El final de un individuo invita a tantas reflexiones como el final de un imperio o del propio ser humano, tan orgulloso de haber accedido a la posición vertical y tan temeroso de perderla, de volver a su apariencia primitiva y de terminar su carrera como la había empezado: encorvado y velludo. Sobre cada ser pesa la amenaza de un retroceso hacia su punto de partida (como para ilustrar la inutilidad de su recorrido, de todo recorrido) y quien consigue librarse de ella da la impresión de escamotear un deber, de negarse a jugar el juego inventándose un modo de degradarse demasiado paradójico.

    *

 El papel de los periodos de declive consiste en desnudar a la civilización, en desenmascararla, en despojarla de sus prestigios y de la arrogancia derivada de sus realizaciones. Así ella misma podrá discernir lo que valió y lo que vale, lo que de ilusorio había en sus esfuerzos y en sus convulsiones. En la medida en que vaya desprendiéndose de las ficciones que aseguraron su gloria irá avanzando considerablemente hacia el conocimiento..., hacia el desengaño, hacia el despertar generalizado; promoción fatal que la proyectará fuera de la historia, a menos que haya despertado simplemente por haber dejado de estar presente y de sobresalir en ella. La universalización del despertar, fruto de la lucidez (y ésta de la erosión de los reflejos) es signo de emancipación en el orden del espíritu y de capitulación en el de los actos, en el de la historia precisamente, la cual se reduce a una declaración de quiebra: en cuanto nos ponemos a observarla parecemos espectadores consternados. La correlación maquinal que se establece entre historia y sentido es el ejemplo perfecto de verdad errónea. La historia posee un sentido, si se quiere, pero este sentido la incrimina, la niega constantemente, volviéndola picante y siniestra, lamentable y grandiosa; en una palabra, insoportablemente desmoralizadora. ¿Quién la tomaría en serio si no fuera el camino mismo de la degradación? El hecho de que existan historiadores dice bastante acerca de lo que es; nuestra conciencia de ella representa, según Erwin Reisner, un síntoma del fin de los tiempos (Geschichtsbewusstsein ist Symptom der Endzeit). No se puede, en efecto, tener la obsesión de la historia sin caer en la de su conclusión. El teólogo medita sobre los acontecimientos con vistas al Juicio final; el ansioso (o el profeta) pensando en un decorado menos fastuoso pero no menos importante. Ambos esperan una hecatombe análoga a la que los indios Delaware situaban en el pasado y durante la cual, según sus tradiciones, no sólo los hombres habían rezado de terror sino también los animales. Puede objetarse que hay también periodos serenos en la historia. Innegablemente existen, pero la serenidad no es más que una pesadilla brillante, un calvario conseguido.

    *

 Imposible aceptar, como pretenden algunos, que lo trágico sea patrimonio del individuo y no de la historia; al contrario, lo trágico la somete y determina más aún que al propio héroe, pues precisamente es su desenlace lo que nos intriga. Nos apasiona la historia porque instintivamente sabemos qué sorpresas la acechan y qué admirables perspectivas ofrece a la aprensión... Sin embargo, para un espíritu lúcido no añade gran cosa a lo insoluble, al atolladero original. Al igual que la tragedia, la historia no resuelve nada porque no hay nada que resolver. Sólo un desequilibrado piensa en el futuro. ¡Lástima que no podamos respirar como si todos los acontecimientos se hubieran detenido! Cada vez que se hacen demasiado patentes, sufrimos un ataque de determinismo, de rabia fatalista. El libre albedrío explica solamente la superficie de la historia, las apariencias que toma, sus vicisitudes exteriores, pero no sus profundidades, su desarrollo real, el cual conserva pese a todo un carácter desconcertante. e incluso misterioso. Resulta incomprensible, por ejemplo, que Aníbal después de Cannas no arremetiera contra Roma. Si lo hubiera hecho, hoy nos jactaríamos de descender de los cartagineses. Sostener que el capricho, el azar, es decir, el individuo, no desempeña ningún papel en la historia es una necedad. No obstante, siempre que consideramos el devenir en su conjunto, el veredicto del Mahabharata acude invariablemente a nuestra mente: "El nudo del Destino no puede ser deshecho; nada en este mundo es el resultado de nuestros actos".

    *

 Víctimas de un doble hechizo, atraídos por las dos verdades, condenados a no poder elegir una sin deplorar inmediatamente la pérdida de la otra, somos demasiado clarividentes para no ser cobardes, para no estar de vuelta tanto de la ilusión como de la ausencia de ilusión. Nos parecemos en ello a Rancé, quien, prisionero de su pasado, consagró su existencia de ermitaño a polemizar con aquellos a quienes había abandonado, con los autores de libelos que ponían en tela de juicio la sinceridad de su conversión y la legitimidad de sus actos, demostrando así que era más fácil reformar la Trapa que abstraerse de su época. De modo similar, nada más fácil que denunciar la historia; nada más arduo en cambio que liberarse de ella, cuando de ella se emerge y olvidarla resulta imposible: ella es el obstáculo a la revelación última, obstáculo que únicamente puede vencerse si se ha percibido la vacuidad de todos los acontecimientos, excepto del que esa misma percepción representa, merced al cual en algunos momentos alcanzamos la verdad verdadera, es decir, la victoria sobre todas las verdades. Comprendemos entonces las palabras de Mommsen: "Un historiador debe ser como Dios, debe amar todo y a todos, incluso al diablo". En otras palabras: dejar de preferir, ejercitarse en la ausencia, en la obligación de no ser nada. De este modo, es posible imaginar al liberado como a un historiador súbitamente aquejado de intemporalidad.

    *

 No podemos escoger más que entre verdades irrespirables y supercherías saludables. Sólo las verdades que nos impiden vivir merecen el nombre de verdades, pues, superiores a las exigencias de los vivos, no condescienden a ser cómplices nuestros. Son verdades "inhumanas", verdades de vértigo que rechazamos porque nadie puede prescindir de apoyos disfrazados de slogans o de dioses. Lo triste es observar que son los iconoclastas, o aquellos que pretenden serlo, quienes en todas las épocas recurren con más frecuencia a la ficción y a la mentira. Muy enfermo debía de estar el mundo antiguo para necesitar un antídoto tan burdo como el que le administró el cristianismo. En la misma situación se encuentra el mundo moderno, a juzgar por los remedios de los que espera milagros. Epicuro, el menos fanático de los sabios, fue entonces y es todavía hoy el gran perdedor. Con asombro y hasta con espanto, oímos hablar a los hombres de liberar al Hombre. ¿Cómo podrían los esclavos liberar al Esclavo? ¿Y cómo creer que la historia  procesión de desatinos  podrá durar aún mucho tiempo? La hora de cierre sonará pronto en los jardines de todo el mundo.

 


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Posted by Ricardo Marcenaro | Posted in | Posted on 15:45

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Friedrich Nietszche: Cómo el “mundo verdadero” acabó convirtiéndose en una fábula - Crepúsculo de los ídolos.

Posted by Ricardo Marcenaro | Posted in | Posted on 0:37

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Cómo el “mundo verdadero” acabó convirtiéndose en una fábula



Historia de un error

1. El mundo verdadero, asequible al sabio, al piadoso, al virtuoso, -él vive en
ese mundo, es ese mundo.

(La forma más antigua de la Idea, relativamente inteligente, simple,convincente. Transcripción de la tesis «yo, Platón, soy la verdad»).


2. El mundo verdadero, inasequible por ahora, pero prometido al sabio, al piadoso,al virtuoso («al pecador que hace penitencia»).

(Progreso de la Idea: ésta se vuelve más sutil, más capciosa, más inaprensible,-se convierte en una mujer, se hace cristiana...).


3. El mundo verdadero, inasequible, indemostrable, imprometible,pero ya en cuanto pensado, un consuelo, una obligación, un imperativo.

(En el fondo, el viejo sol, pero visto a través de la niebla y el escepticismo; la Idea, sublimizada, pálida, nórdica, königsburguense).


4. El mundo verdadero -¿inasequible? En todo caso, inalcanzado. Y en cuanto inalcanzado, también desconocido. Por consiguiente, tampoco consolador,redentor, obligante: ¿a qué podría obligarnos algo desconocido? ...

(Mañana gris.Primer bostezo de la razón. Canto del gallo del positivismo)


5. El «mundo verdadero» -una Idea que ya no sirve para nada, que ya ni siquiera obliga, -una Idea que se ha vuelto inútil, superflua, por consiguiente una Idea refutada: ¡eliminémosla!
 
(Día claro; desayuno; retorno del bon sens y de la jovialidad; rubor avergonzado de Platón; ruido endiablado de todos los espíritus libres)


6. Hemos eliminado el mundo verdadero: ¿qué mundo ha quedado?, ¿Acaso el aparente?... ¡No!, ¡al eliminar el mundo verdadero hemos eliminado también el aparente!

(Mediodía; instante de la sombra más corta; final del error más largo; punto culminante de la humanidad; INCIPIT ZARATHUSTRA).




Crepúsculo de los ídolos.

 “La razón en la filosofía”
                              
                    1.

¿Me pregunta usted qué cosas son idiosincrasia en los filósofos?… Por ejemplo, su falta de sentido histórico, su odio a la noción misma de devenir, su egipticismo. Ellos creen otorgar un honor a una cosa cuando la deshistorizan, sub specie aeterni, —cuando hacen de ella una momia. Todo lo que los filósofos han venido manejando desde hace milenios fueron momias conceptuales; de sus manos no salió vivo nada real. Matan, rellenan de paja, esos señores idólatras de los conceptos, cuando adoran, —se vuelven mortalmente peligrosos para todo, cuando adoran. La muerte, el cambio, la vejez, así como la procreación y el crecimiento son para ellos objeciones, — incluso refutaciones. Lo que es no deviene; lo que deviene no es…
Ahora bien, todos ellos creen, incluso con desesperación, en lo que es. Mas como no pueden apoderarse de ello, buscan razones de por qué se les retiene. “Tiene que haber una ilusión, un engaño en el hecho de que no percibamos lo que es: ¿dónde se esconde el engañador? —”Lo tenemos, gritan dichosos, ¡es la sensibilidad! Estos sentidos, que también en otros aspectos son tan inmorales, nos engañan acerca del mundo verdadero. Moraleja: deshacerse del engaño de los sentidos, del devenir, de la historia [Historie], de la mentira, —la historia no es más que fe en los sentidos, fe en la mentira. Moraleja: decir no a todo lo que otorga fe a los sentidos, a todo el resto de la humanidad: todo él es “pueblo”. ¡Ser filósofo, ser momia, representar el monótono-teísmo con una mímica de sepulturero! — ¡Y, sobre todo, fuera el cuerpo, esa lamentable idée fixe de los sentidos!, ¡sujeto a todos los errores de la lógica que existen, refutado, incluso imposible, aun cuando es lo bastante insolente para comportarse como si fuera real!…”.

                     2.

Pongo a un lado, con gran reverencia, el nombre de Heráclito. Mientras que el resto del pueblo de los filósofos rechazaba el testimonio de los sentidos porque éstos mostraban pluralidad y modificación, él rechazó su testimonio porque mostraban las cosas como si tuviesen duración y unidad. También Heráclito fue injusto con los sentidos. Estos no mienten ni del modo como creen los eleatas ni del modo como creía él, —no mienten de ninguna manera. Lo que nosotros hacemos de su testimonio, eso es lo que introduce la mentira, por ejemplo la mentira de la unidad, la mentira de la coseidad, de la sustancia, de la duración… La “razón” es la causa de que nosotros falseemos el testimonio de los sentidos. Mostrando el devenir, el perecer, el cambio, los sentidos no mienten… Pero Heráclito tendrá eternamente razón al decir que el ser es una ficción vacía. El mundo “aparente” es el único: el “mundo verdadero” no es más que un añadido mentiroso…


                    3.

—¡Y qué sutiles instrumentos de observación tenemos en nuestros sentidos! Esa nariz, por ejemplo, de la que ningún filósofo ha hablado todavía con veneración y gratitud, es hasta este momento incluso el más delicado de los instrumentos que están a nuestra disposición: es capaz de registrar incluso diferencias mínimas de movimiento que ni siquiera el espectroscopio registra. Hoy nosotros poseemos ciencia exactamente en la medida en que nos hemos decidido a aceptar el testimonio de los sentidos, —en que hemos aprendido a seguir aguzándolos, armándolos, pensándolos hasta el
final. El resto es un aborto y todavía-no-ciencia: quiero decir, metafísica, teología, psicología, teoría del conocimiento. O ciencia formal, teoría de los signos: como la lógica, y esa lógica aplicada, la matemática. En ellas la realidad no llega a aparecer, ni siquiera como problema; y también como la cuestión de qué valor tiene en general ese convencionalismo de signos que es la lógica.—
 

                    4.

La otra idiosincrasia de los filósofos no es menos peligrosa: consiste en confundir lo último y lo primero. Ponen al comienzo, como comienzo, lo que viene al final —¡por desgracia!, ¡pues no debería siquiera venir! —los “conceptos supremos”, es decir, los conceptos más generales, los más vacíos, el último humo de la realidad que se evapora. Esto es, una vez más, sólo expresión de su modo de venerar: a lo superior no le es lícito provenir de lo inferior, no le es lícito provenir de nada… Moraleja: todo lo que es de primer rango tiene que ser causa sui . El proceder de algo distinto es considerado como una objeción, como algo que pone en entredicho el valor. Todos los valores supremos son de primer rango, ninguno de los conceptos supremos, lo existente, lo incondicionado, lo bueno, lo verdadero, lo perfecto — ninguno de ellos puede haber devenido, por consiguiente tiene que ser causa sui. Mas ninguna de esas cosas puede ser tampoco desigual una de otra, no puede estar en contradicción consigo misma… Con esto tienen los filósofos su estupendo concepto “Dios”… Lo último, lo más tenue, lo más vacío es puesto como lo primero, como causa en sí, como ens realissimum… ¡Que la humanidad haya tenido que tomar en serio las dolencias cerebrales de unos enfermos tejedores de telarañas!— ¡Y lo ha pagado caro!…


                    5.

—Contrapongamos a esto, por fin, el modo tan distinto como nosotros (—digo nosotros por cortesía…) vemos el problema del error y de la apariencia. En otro tiempo se tomaba la modificación, el cambio, el devenir en general como prueba de apariencia, como signo de que ahí tiene que haber algo que nos induce a error. Hoy, a la inversa, en la exacta medida en que el prejuicio de la razón nos fuerza a asignar unidad, identidad, duración, sustancia, causa, coseidad, ser, nos vemos en cierto modo cogidos en el error, necesitados al error; aun cuando, basándonos en una verificación rigurosa, dentro de nosotros estemos muy seguros de que es ahí donde está el error. Ocurre con esto lo mismo que con los movimientos de una gran constelación: en éstos el error tiene como abogado permanente a nuestro ojo, allí a nuestro lenguaje. Por su génesis el lenguaje pertenece a la época de la forma más rudimentaria de psicología: penetramos en un fetichismo grosero cuando adquirimos consciencia de los presupuestos básicos de la metafísica del lenguaje, dicho con claridad: de la razón. Ese fetichismo ve en todas partes agentes y acciones: cree que la voluntad es la causa en general; cree en el “yo”, cree que el yo es un ser, que el yo es una sustancia, y proyecta sobre todas las cosas la creencia en la sustanciayo —así es como crea el concepto “cosa”… El ser es añadido con el pensamiento, es introducido subrepticiamente en todas partes como causa; del concepto “yo” es del que se sigue, como derivado, el concepto “ser”… Al comienzo está ese grande y funesto error de que la voluntad es algo que produce efectos,—de que la voluntad es una facultad… Hoy sabemos que no es más que una palabra… Mucho más tarde, en un mundo mil veces más ilustrado, llegó a la consciencia de los filósofos, para su sorpresa, la seguridad, la certeza subjetiva en el manejo de las categorías de la razón: ellos sacaron la conclusión de que esas categorías no podían proceder de la empiria, —la empiria entera, decían, está, en efecto, en contradicción con ellas. ¿De dónde proceden, pues? —Y tanto en India como en Grecia se cometió el mismo error: “nosotros tenemos que haber habitado ya alguna vez en un mundo más alto (—en lugar de en un mundo mucho más bajo: ¡lo cual habría sido la verdad!), nosotros tenemos que haber sido divinos, ¡pues poseemos la razón!”… De hecho, hasta ahora nada ha tenido una fuerza persuasiva más ingenua que el error acerca del ser, tal como fue formulado, por ejemplo, por los eleatas: ¡ese error tiene en favor suyo, en efecto, cada palabra, cada frase que nosotros pronunciamos! —También los adversarios de los eleatas sucumbieron a la seducción de su concepto de ser: entre otros Demócrito, cuando inventó su átomo… La “razón” en el lenguaje: ¡oh, qué vieja hembra engañadora! Temo que no vamos a desembarazarnos de Dios porque continuamos creyendo en la gramática…


                    6.

Se me estará agradecido si condenso un conocimiento tan esencial, tan nuevo, en cuatro tesis: así facilito la comprensión, así provoco la contradicción.

Primera tesis. Las razones por las que “este” mundo ha sido calificado de aparente fundamentan, antes bien, su realidad,— otra especie distinta de realidad es absolutamente indemostrable.

Segunda tesis. Los signos distintivos que han sido asignados al “ser verdadero” de las cosas son los signos distintivos del no-ser, de la nada, — a base de ponerlo en contradicción con el mundo real es como
se ha construido el “mundo verdadero”: un mundo aparente de hecho,
en cuanto es meramente una ilusión óptico-moral.
 
Tercera tesis. Inventar fábulas acerca de “otro” mundo distinto de éste no tiene sentido, presuponiendo que no domine en nosotros un instinto de calumnia, de empequeñecimiento, de recelo frente a la vida: en este último caso tomamos venganza de la vida con las fantasmagoría de “otra” vida distinta de ésta, “mejor” que ésta.

Cuarta tesis. Dividir el mundo en un mundo “verdadero” y en un mundo “aparente”, ya sea al modo del cristianismo, ya sea al modo de Kant (en última instancia, un cristiano alevoso), es únicamente una sugestión de la décadence, — un síntoma de vida descendente… El hecho de que el artista estime más la apariencia que la realidad no constituye una objeción contra esta tesis. Pues “la apariencia” significa aquí la realidad una vez más, sólo que seleccionada, reforzada, corregida… El artista trágico no es un pesimista, — dice precisamente sí incluso a todo lo problemático y terrible, es dionisíaco…


Trad. Sánchez Pascual. Alianza Editorial


 


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Jardín del Té: Vegetaciones de Otoño - Ricardo Marcenaro bitacora

Posted by Ricardo Marcenaro | Posted in | Posted on 22:47

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Flores de níspero hechas en torre desde donde las hadas invisibles, cuando seguras, salen a volar entre los azahares de naranjo donde respirar causa fresco, luego un poco por el cedro azul y los montes de orquídeas que sobre los brazos le crecen, recostadas en las hojas brillantes del níspero, contemplan al cielo mientras edifican mis sueños.
Armonía de rosa tenue, terciopelo tocado por ocre enrojecido, matas de exquisito amarillo para que la besen los insectos, luego fecundo hacerse farol solar en el invierno.
 

Mandarina verde tocada por el sol y peinada por el brillo,
Sobre tus cáscaras maduras cortaré para conservar perfume
Que a la hoja grande del té lleve acordes del todo divinos,
Gajo a gajo disfruta la boca que te besa donde todo resume,
Amigo sacrificado luchando por vivir entre helechos fornidos,
Tu alegría esperanzada, madura calma, que nada nos abrume. RM
 

Selva de mi corazón, gajo a gajo cada pasto planté donde todo era desierto, gracias por las Gracias, por esa voluntad inclaudicable enseñándome aquellos secretos de lo que nunca muere.
 

Pimentón, semillas traídas de Cachi, Salta, República Argentina. El pimentón salteño, sobre todo el de los valle altos como es la situación en la que se encuentra Cachi, Seclantás, Molinos, Cafayate, Angastaco, etc., es de calidad superior.
Imposibilitado de crear esas estupendas condiciones de suelo, agua, sequedad, exposición solar, altura…, por lo menos recrear para una comida frente al fuego aquello que cerrando los ojos, se gusta trasladándonos al terruño del placer más íntimo.
 

Adoro comer las hojas de la albahaca de la planta, es mucho mejor que cualquier goma de mascar y en las comidas es sabrosa presentando siempre una forma muy peculiar de aromar según sean sus estados, fresco, cocinado y según tiempos en que se haya agregado a la cocción, serán los resultados que se obtengan.
Las ensaladas que tienen albahaca y se combinan con aceite de oliva, vinagres caseros (yo los hago de mis uvas y aseguro que la gente consume un vinagre industrial un poco triste, homogeneizado, impersonal, que de ninguna manera tiene la variedad de tonos y matices que uno hecho por procedimientos antiguos) quesos y verduras, son un manjar, si tienen champiñones frescos y un buen vino: ya estamos en el paraíso.
Los placeres no son caros, mis hojas de albahaca hacen ruborizar a todos los supermercados del mundo.
 

El estanque que hizo mi hermano Carlos de un tanque de agua abierto al medio, ahí los peces nadaron durante toda nuestra infancia, adolescencia y parte de nuestra juventud, era una lucha constante con los benteveos que venían a cazarlos, alguna vez encontramos en el pasto del jardín el cuerpo intocado, simple instinto que no puede digerir el bocado.


Ahora reposa en silencio, al acercar la vista a los brillos estoy en un lago de Matisse o en la selva impenetrable del amazonas caminando sobre los charcos, soy el conquistador que avanza por los pantanales que preceden la capital Azteca, el pirata escamoteando tesoros entre manglares que pierde en el camino a sus compañeros para guardar del lugar el secreto, soy el soldado de todos los tiempos dando su cara contra el barro hasta enterrarse en el olvido, so ellos y muchos más y todos los que me invento.
 

Luz, saluda al agua que te corresponde.
 

Pila de hojas de alcanfor que en unos meses dará una tierra liviana y extraordinariamente rica, la vialidad de mi jardín es una combinación de muchos elementos y experimentos.
Sobre ésta montaña el gato Moscú calienta sus tardes cuando abandonando mi compañía va a por continuar en otro lugar sus sueños, luego retorna amoroso, saluda, pide mimos.
Y yo se los doy, claro, para algo nos tenemos uno al otro.
El yuyo enriquecido saluda entre los grises.
- ¡Hola Yuyo Signo!, le digo.


Cuando veo esto siento que la vida vale la pena, en estos mapas de la belleza recorro lecciones de todas las ciencias que nunca olvidaré.
Justinia.
 

En mí jardín viven los queridos, a través de las plantas que me han traído, son personas que están en mi historia y que merced a un amor perdurable seguirán presentes en donde esté para siempre, son un símbolo para mí, el que ha peleado por quedarse conmigo enfrentando las adversidades que más que de buena tierra y cuidados dependen del buen recuerdo.
Éstas son las plantas de Gabi, Gabriela Romero, casi treinta años pasados desde nuestro encuentro. Inseparables recuerdos me llenan todo de bueno.
Espero algún día poder devolver a su dueña un gajo de la planta que quedó en custodia y, sin saberlo ella o quizás sí, pues era una persona muy particular como estoy seguro que lo sigue siendo, para la custodia, pues me cuida de nubes e ingratitudes, de otros y por sobre todo de mí mismo que bien lejos de lo perfecto estoy.
 

Ahora un brazo de ella recorre mis ventanas para en verano velar de notas las imágenes que por acostumbradas no dejan de ser nuevas.


Siempre uvas para los pájaros, en esta casa las aves siempre tuvieron su ración, a ellas les debemos la alegría de la gracia de sus cantos y movimientos, todos los años me presentan a sus hijos a los que enseñan a volar en mi jardín lleno de nidos, de aquí nadie los corre y todo los bendice.
 

Ojo ojito, ¿quién se asoma por ahí?
 

Esta palmera fue sembrada por los pájaros cuando era más joven de edad, que de juventud sigo enfermo, ese año sembraron dos, una en lo del vecino y ésta, la mía creció con una fuerza inusitada, la del vecino medró hasta morir entre mal alimento y mutilaciones de todo tipo.
Esplendorosa torre que fructifica coronada como chorro de la fuente estallando en frutos lumínicos encastrados en las ramas que peinan toboganes para el descenso, en el reparto al pie los hijos, como en el pico mensajero.
 

Frutos, mezcolanza de flecos verdes haciéndoles gracias al viento, en sus profundidades los nidos calzados al pie de las espinas que los protegen en las axilas desde donde las ramas se echan del tronco.
Tonos, subtonos, choques de formas en perfecta armonía.
Modelo que la historia transportó hasta nuestro tiempo.
 

Estas son las responsables de la siembra de ésta torre, sus antepasados, tan cotorras como ellas mismas, ruidosas hasta el escándalo cuando parecieran retarse las unas a las otras, o juegan descaradas saltando entre vuelos cuando a comer se prestan dedicadamente, muchas veces una lluvia discreta pero continua cae por los deslizaderos que corren por los canales inclinados de las ramas, en las selecciones que hacen de los frutos de los que desprenden la carne naranja y harinosa de los dátiles, dejando las semillas para buen futuro.
Las cotorras son una plaga nacional en mi país, son grandes los destrozos que hacen en los campos dedicados al cultivo de especies comerciales, ellas me han traído girasoles y maíces, una enredadera que vi en la selva del delta de la provincia de Entre Ríos y no volví a ver nunca más hasta que veinte años después muy probablemente ellas hayan sido la especie que me trajo esa joya que tanto anhelaba justo en el momento que me decidía a retornar a la selva para encontrarme con la planta y no añorarla más como lo hacía.
A veces pienso que si por causa cualquiera, digamos una epidemia extraña y voraz que acabase con el humano de un soplo, con tanta tierra explotada y martirizada, privada de la variedad que la hace más perdurable y rica, sería esta plaga nacional una de las grandes responsables del resembrado y restitución de los campos, como lo son casi todas las aves que son fenomenales transportadores de semillas fertilizadas.
En mí jardín del Té y en mi vida luego de haber comprendido, los pájaros son sagrados, sin plagas nacionales.
El humano puede ser visto como una plaga internacional si se juzga los destrozos que ha producido y produce, sin embargo no llevamos título que nos corresponda como me parece que las cosas vistas en otras dimensiones y sin querer evadir la realidad, en otras especies no corresponde.
¿Aprenderemos?
 


De jardines antiguos y con recuerdos a patio.
Canción porteña.
Tango.
Casas de abuelos.
Ravioles de los domingos cuando las mesas eran grandes.
Todavía el mateo de la estación Belgrano…,
Resuenan los cascos por la calle Etcheverría,
Íbamos alegres a algo que ignorábamos:
No sería para siempre.

Sin embargo, engañosa eternidad que desapareces de los ojos,
Adentro vives
Revives
Respiras
Y para dormir
Me das el beso.



RM
En memoria de Luisa Mirande de Marcenaro Boutell y su madre, la abuela Lola.








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Poetry: Charles Bukowski - Some People

Posted by Ricardo Marcenaro | Posted in | Posted on 16:15

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Open your mind, your heart to other cultures
Abra su mente, su corazón a otras culturas
You will be a better person
Usted será una mejor persona
Rm

Some People                          
    by Charles Bukowski









some people never go crazy.
me, sometimes I'll lie down behind the couch
for 3 or 4 days.
they'll find me there.
it's Cherub, they'll say, and
they pour wine down my throat
rub my chest
sprinkle me with oils.
then, I'll rise with a roar,
rant, rage -
curse them and the universe
as I send them scattering over the
lawn.
I'll feel much better,
sit down to toast and eggs,
hum a little tune,
suddenly become as lovable as a
pink
overfed whale.
some people never go crazy.
what truly horrible lives
they must lead. 



 


Ricardo Marcenaro bitacora fotográfica - Zapallos de otoño

Posted by Ricardo Marcenaro | Posted in | Posted on 6:17

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El momento en el cual se acaba de sellar el destino de crecer.
Cuajado de fruto.
Lo orgánico adaptándose, siempre adaptándose. Estamos hechos para la adaptabilidad.
Hermoso zapallo plomo ya maduro, vital, lleno, agradecido.
Pareciera proteger de pantallas al fruto la planta o la necesidad de captar más sol para la provista del llenado del fruto. 
Otoño, ésta planta tendría que estar muerta, sin embargo sigue dando zapallos nuevos que al cuajar festeja una primavera que taladra los fríos.
Los ladrillos se calientan en el día, por la noche mantienen un clima que la planta aprovecha, la planta bebe de ese calor furtivo.
Un fruto no cuajado, aún muerte, es poesía, bandera de la flor que quiso dar, globo de oscuro terciopelo manchado al que el destino enebró un ancla marchita.

El zapallo y la palta conversan con el fantasma de la enredadera mientras el gato chismoso hace que no escucha..., o quizás, custodia ángeles...
...mis ángeles custodios en ciudad desangelada
Mi cápsula es verde, solar, terrosa, ama dormir con lluvia, abrazada a aquello en que se sostiene, festeja el amanecer multiplicándose en balcones para el canto, y en los atardeceres, acaricia con luces tornadas la última meditación del día.


RM



Fotos del día por RM





Poesia: Alejandra Pizarnik - Los trabajos y las noches - Parte 1 - Poema - Revelaciones - En tu aniversario - Destrucciones - Amantes - Escultura Henry Moore (King and Queen) - Links

Posted by Ricardo Marcenaro | Posted in | Posted on 17:33

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King and Queen
Henry Moore
1952-3
Cast 1957




POEMA
Tú eliges el lugar de la herida
en donde hablamos nuestro silencio.
Tú haces de mi vida
esta ceremonia demasiado pura.


REVELACIONES
En la noche a tu lado
las palabras son claves, son llaves.
El deseo de morir es rey.
Que tu cuerpo sea siempre
un amado espacio de revelaciones.


EN TU ANIVERSARIO
Recibe este rostro mío, mudo, mendigo.
recibe este amor que te pido.
Recibe lo que hay en mí que eres tú.


DESTRUCCIONES
en besos, no en razones
Quevedo
Del combate con las palabras ocúltame
y apaga el furor de mi cuerpo elemental.


AMANTES
una flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío




Poesia: Alejandra Pizarnik - Los trabajos y las noches - Parte 1 - Poema - Revelaciones - En tu aniversario - Destrucciones - Amantes - Escultura Henry Moore (King and Queen) - Links



Diario Amorfo 3 - Ricardo Marcenaro texto

Posted by Ricardo Marcenaro | Posted in | Posted on 16:48

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El atardecer del día quinto.
Gato desaparecido por la mañana hasta la tarde, luego lo encuentro en un gran colchón de hojas de alcanfor que se secan al sol, en unos meses será exquisita tierra y que ahora le hacen nido perfecto, al regresar lo entro, tiene frío y quiere mimos, se los doy, le hago sentir que lo quiero, afirmación que a todos nos hace sentir seguros.

Cae la tarde, ya casi noche, por la puerta estarán pasando los vecinos que regresan del trabajo, cansados de la molicie ciudadana, con la esperanza del descanso y del cariño, con el alimento de volver a lo íntimo.

Por la tarde vi en la calle un grupo de muchachos, su ropa sucia, en general deportiva, todos llevaban una bolsa plástica llena de pan, todos venían masticando mientras alguno decía algo en voz alta, sus caras reflejaban la miseria en la que habían nacido y eran criados, la carne magra pegándose al cuerpo, la mirada perdida de aquellos que recorren la sórdida escala de los pegamentos, la pasta base, el paco, el alcohol y las pastillas, sus palabras se arrastraban confusas, solo ellos se entendían, la gente evitaba mirarlos, los miré a los ojos, sentí ese túmulo doloroso de la miseria presente, indiscutible como un cachetazo, recuerdo de inmediato a mi hermano que en este momento está en la India y siente ese dolor aumentado por millones, no vivimos ni edificamos sociedades justas porque personalmente y grupalmente no somos justos, ni siquiera, existe serlo en el general de la gente, el egoísmo reina, tiempo de personalismo, de ya y ahora.

Espíritu falta, volver a tender puentes que desde el alma salven esta forma salvaje de vivir desalmados, heridos, agazapados, desconfiando de todo, maleducados por los medios que prefieren una demagogia fornicante, de mal gusto y modales… Espíritu, esa cosa que no es mercadería ni se toca, por lo tanto, no tiene marketing y nadie lo auspicia.

El estilo se ha convertido en stylish (aludo a lo banal de acentuar el afuera sin el adentro), estilo emanante por estilo mascarado. Monos y monas, sedas y quedas.

Tenemos lo que merecemos y aquello que no merecemos también nos lo es provisto, todos buscamos estar a salvo de algo, y no estamos a salvo de nada. El que hoy se ríe de otro, mañana llorará por sí mismo, solo hay Leyes y la no ley de las leyes: la suerte.

Mi gato no resistiría el Tíbet, hemos luchado un par de horas por la ocupación de mi falda, por fin he triunfado luego de advertirle con el dedo señalante que el edredón sería su territorio, ya duerme, su madrugada es vela en sueño.

Las semillas se acumulan, sigo agrandando mi colección, no desprecio el yuyo discreto que tenga flor apreciable, también seco flores de otra especie que engomadas de luz reposarán un par de meses hasta llegar a los frascos donde seguirán haciéndose, tornando color y sabores, madurando la gracia de sus giros.

Escucho la radio, amo hacer radio, es un medio mágico, la buena radio es bellísima y hace mucho bien a muchos, igualmente no desprecio nada, de aquello que más nos repugna siempre pescamos algo que nos enseña, solo hay que estar atento, no uso la radio para dormirme despierto ni para dormir durmiendo mis sueños, los  que prefieren silencio o el canto de la lluvia.
Muchos escritores escriben con la radio, otros lo hacen con música a todo volumen, como si necesitasen un campo de aislación que ponga la mente a relatar aquello que se quiere decir en el cómo surge, ese ruido en el que otros no podrían pensar es el ritmo en que ellos piensan. Una velocidad de relaciones, un fluir sin ser interrumpido los domina, es la concentración conectada desde lo profundo y atravesada por lo alto, en el caso, la radio también es tabique con el afuera.

Mi amigo Luis hace una cerveza esplendorosa, por culpa de él dejé de tomar cervezas comerciales, actualmente los alcoholes no están en mi menú diario, té o mate cocido todo el día, prefiero las cervezas más oscuras, las que quedan hablando largo tiempo en la boca, revelándose. En el gusto los tostados cortinan los grados de los tuestes del grano que a través de sus capas nos muestran navegantes armonías donde todo circula maduradamente.
La cerveza comercial da dolor de cabeza, los conservantes sobre todo son la causa, en las cervezas naturales que hoy son llamadas ecológicas eso no pasa, las cervezas de Luis van de los 4 a 7 grados, las hay de más también, no tienen un efecto deprimente como pasa con las cervezas comerciales que en general están hechas de arroz y no de cebada, no se puede comparar calidad de lúpulo, procesos saborificantes, escalas que permiten cuidados que completan mejormente los gustos, y la mano de obra excelente del maestro, como lo es Luis.

¿Para qué escribo esto, a quién puede interesarle este pastiche de pensamientos sueltos que buscan ir a ningún lado?

Los cambios traen limpiezas, -descargar atavíos inútiles-

No sé quien soy, ni sé lo que quiero, simplemente soy, simplemente quiero, mucho.

Amo la diseminación que sucede en mi cuerpo descerrajada por el placer de aquello que se nos hace entero, así el cuerpo del otro es un manjar amado que se brinda sin medidas, pero: sometido a la sabiduría de las escalas.

El primer libro que me regalaron, fue mi padre, (me eduqué entre gran cantidad de ellos por la poblada biblioteca que continuo incrementando, por lo que la infancia estuvo llena de su contacto), fue La Genética de Christine Auberbach, en mi temprana adolescencia, de los 10 a 13 años debe haber sido, quizás unos años antes, lo leí con fascinación tratando aplicadamente de entender los fenómenos que se me explicaban, no era un niño muy normal que digamos, eso no hacían los otros niños que preferían a lo sumo las revistas de cómics que a nosotros nos estaban prohibidas, todos estamos condenados a ser diferentes, algunos más que otros, el desarrollo personal alejará y acercará muchas veces lo indicado y aquello que no.
Se me cruzó por la mente que llevar libros al campo era llevar cadáveres que nadie querría, una ilusión ilusa de ilusión me hace pensar deseando que en lugares desventajosos, por encontrarlos, serán apreciados, pero no me engaño, en todos los lugares los humanos quieren televisiones o aparatos electrónicos que los comuniquen en una forma que fascina por lo directo y espontáneo. Elaborar demasiado, conocer mucho, desarrollar espiritualidad, no son valores que importen demasiado en la actualidad, nadie enloquece ni hace colas por ellos.

RM