Music: Beth Hart - Jacky's Song - 2 Meter Sessies - Lyrics

Posted by ricardo marcenaro | Posted in | Posted on 23:28

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video



Jacky is on a mission
Back from Hell
Maybe her confessions
Will make her well

She doesn't mind
Sloppy starts
She doesn't mind
Picking her self apart
She loves the women and the men
She only needs somebody to understand

And bring it on Jacky
And bring them all to your feet
And bring it on Jacky
Sister love, and sister sweet
They think they know you when you're trying out at night
They thing they own you
When you're holding on so tight
So hold on
And hold on
Bring it, bring it on

She believes there is a stranger in her bed
Trying to remember his name and what he said
Am I Jezebel?
Am I a whore beneath these sheets?
I thought that I knew me well
But this whole fucking thing
Just makes weep
Baby, I need a dream

And bring it on Jacky
And bring them all to your feet
And bring it on Jacky
Sister love, and sister sweet
They think they know you when you're trying out at night
They thing they own you
hen you're holding on so tight
So hold on, and hold on
Bring it, bring it on

Got to get back on the highway
Going to fly straight through the night
So if you're going my way
It's gonna be all right

Bring it on

Sister in you, Jacky
Sinner in me, Jacky
Sister in you, Jacky
Sinner in me.


http://artists.letssingit.com




Music: Beth Hart - Jacky's Song - 2 Meter Sessies - Lyrics


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Poesia: Federico Garcia Lorca - Libro de Poemas (1921) - Poetica - Palabras de Justificacion - Veleta - Los encuentros de un caracol aventurero (1918) - Cancion Otoñal – Canc. primaveral – Canc. menor - 7 fotos seleccionadas

Posted by ricardo marcenaro | Posted in | Posted on 22:37

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Federico García Lorca
LIBRO DE POEMAS

(1921)
                                        A mi hermano
                                        Paquito



POÉTICA
   (De viva voz a G[erardo] D[iego].)

Pero, ¿qué voy a decir yo de la Poesía? ¿Qué voy a decir de esas nubes, de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle y nada más. Com¬prenderás que un poeta no puede decir nada de la Poesía. Eso déjaselo a los críticos y profesores. Pero ni tú ni yo ni ningún poeta sabemos lo que es la Poesía.
Aquí está: mira. Yo tengo el fuego en mis manos. Yo lo entiendo y trabajo con él perfectamente, pero no puedo hablar de él sin litera¬tura. Yo comprendo todas las poéticas; podría hablar de ellas si no cambiara de opinión cada cinco minutos. No sé. Puede que algún día me guste la poesía mala muchísimo, como me gusta (nos gusta) hoy la música mala con locura. Quemaré el Partenón por la noche para em¬pezar a levantarlo por la mañana y no terminarlo nunca.
En mis conferencias he hablado a veces de la Poesía, pero de lo único que no puedo hablar es de mi poesía. Y no porque sea un in¬consciente de lo que hago. Al contrario, si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios  o del demonio , también lo es que lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, y de darme cuenta en abso¬luto de lo que es un poema.


PALABRAS DE JUSTIFICACION

Ofrezco en este libro, todo ardor juvenil, tortura y ambición sin me¬dida, la imagen exacta de mis días de adolescencia y juventud, esos días que enlazan el instante de hoy con mi infancia reciente.
En estas páginas desordenadas va el reflejo fiel de mi corazón y de mis ansias teñido del matiz que le prestara, al poseerlo, lc vida palpi¬tante en torno, recién nacida para mi mirada.
Se hermana el nacimiento de cada una de estas poesías que tienes en tus manos, lector, al propio nacer de un brote nuevo del árbol músico de mi vida en flor. Ruindad fuera el menospreciar esta obra que tan enlazada está a mi propia vida.
Sobre su incorrección, sobre su limitación, segura, tendrá este libro la virtud, entre otras muchas que yo advierto, de recordarme en todo instante mi infancia apasionada correteando desnuda por las praderas de una vega, sobre un fondo de serranía.

                                            (1921)




VELETA
Julio de 1920. (Füente Vaqueros, Granada.)


Viento del Sur,
moreno, ardiente,
llegas sobre mi carne,
tiayéndome semilla
de brillantes
miradas, empapado
de azahares.

Pones roja la luna
y sollozantes los álamos cautivos, pero vienes
¡demasiado tarde!
¡ya he enrollado la noche de mi cuento
en el estante!   

Sin ningún viento,
¡hazme caso!
gira, corazón;
gira, corazón.

Aire del Norte,
¡oso blanco del viento!
llegas sobre mi carne
tembloroso de auroras
boreales,
con tu capa de espectros
capitanes,
y riyéndote a gritos
del Dante,
¡oh pulidor de estrellas!
pero vienes demasiado tarde.

Mi almario está musgoso
y he perdido la llave.

Sin ningún viento,
¡hazme caso!
gira, corazón;
gira, corazón.

Brisas, gnomos y vientos
de ninguna parte.
Mosquitos de la rosa
de pétalos pirámides.
Alisios destetados
entre los rudos árboles,
flautas en la tormenta,
¡dejadme!
tiene recias cadenas
mi recuerdo,
y está cautiva el ave
que dibuja con trinos
la tarde.

Las cosas que se van no vuelven nunca
todo el mundo lo sabe,
y entre el claro gentío de los vientos
es inútil quejarse. ,
¿Verdad, chopo, maestro de la brisa?
¡es inútil quejarse!   

Sin ningún viento,
¡hazme caso!
gira, corazón;
gira, corazón.







LOS ENCUENTROS DE UN CARACOL AVENTURERO
Diciembre de 1918. (Granada.)
A Ramón P. Roda.

Hay dulzura infantil   
en la mañana quieta.   

Los árboles extienden
sus brazos a la tierra.


Un vaho tembloroso
cubre las sementeras,
y las arañas tienden
sus caminos de seda
 rayas al cristal limpio
del aire.
En la alameda
un manantial recita
su canto entre las hierbas.
Y el caracol, pacífico
burgués de la vereda,
ignorado y humilde,
el paisáje contempla..
La divina quietud
de la Naturaleza
le dio valor y fe,
y olvidando las penas
de su hogar, deseó
ver el fin de la senda.

Echó a andar a internóse
en un bosque de yedras
y de ortigas. En medio
había dos ranas viejas
que tomaban el sol,
aburridas y enfermas.

Esos cantos modernos,
murmuraba una de ellas,
son inútiles. Todos,
amiga, le contesta
la otra rana, que estaba
herida y casi ciega:
cuando joven creía
que si al fin Dios oyera
nuestro canto, tendría
compasión. Y mi ciencia,
pues ya he vivido mucho,
hace que no lo crea,
yo ya no canto más...

Las dos ranas se quejan
pidiendo una limosna
a una ranita nueva
que pasa presumida
apartando las hierbas.

Ante el bosque sombrío
el caracol se aterra.
Quiere gritar. No puede.
Las rams se le acercan.

¿Es una mariposa?,
dice la casi ciega.
Tiene dos cuernecitos,
la otra rana contesta.
Es el caracol. ¿Vienes,
caracol, de otras tierras?

Vengo de mi casa y quiero
volverme muy pronto a ella.
Es un bicho muy cobarde,
exclama la rana ciega.
¿No cantas nunca? No canto,
dice el caracol. ¿Ni rezas?
Tampoco: nunca aprendí.
¿Ni crees en la vida eterna?
¿Qué es eso?
Pues vivir siempre
en el agua más serena,
junto a una tierra florida
que a un rico manjar sustenta.
Cuando niño a mí me dijo,
un día, mi pobre abuela
que al morirme yo me iría
sobre las hojas más tiernas
de los árboles más altos.

Una hereje era tu abuela.
La verdad te la decimos
nosotras. Creerás en ella,
dicen las ranas furiosas.

¿Por qué quise ver la senda?
gime el caracol. Sí creo
por siempre en la vida eterna
que predicáis...

Las ranas,
muy pensativas, se alejan,
y el caracol, asustado,
se va perdiendo en la selva.

Las dos ranas mendigas
como esfinges se quedan.
Una de ellas pregunta:
¿Crees tú en la vida eterna?
Yo no, dice muy triste
la rana herida y ciega.
¿Por qué hemos dicho, entonces,
al caracol que crea?
Porque... No sé por qué,
dice la rana ciega.
Me lleno de emoción
al sentir la firmeza
con que llaman mis hijos
a Dios desde la acequia...

E1 pobre caracol
vuelve atrás. Ya en la senda
un silencio ondulado
mana de la alameda.
Con un grupo de hormigas
encarnadas se encuentra.
Van muy alborotadas,
arrastrando tras ellas
a otra hormiga que tiene
tronchadas las antenas.
El caracol exclama:
hormiguitas, paciencia.
¿Por qué así maltratáis
a vuestra compañera?
Contadme lo que ha hecho.
Yo juzgaré en conciencia.
Cuéntalo tú, hormiguita.

La hormiga medio muerta,
dice muy tristemente:
yo he visto las estrellas.
¿Qué son estrellas?, dicen
las hormigas inquietas.
Y el caracol pregunta
pensativo: ¿estrellas?
Sí, repite la hormiga,
he visto las estrellas.
Subí al árbol más alto
que tiene la alameda
y vi miles de ojos
dentro de mis tinieblas.
E1 caracol pregunta:
¿pero qué son estrellas?
Son luces que llevamos
sobre nuestra cabeza.
Nosotras no las vemos,
las hormigas comentan.
Y el caracol: mi vista
sólo alcanza a las hierbas.

Las hormigas exclaman
moviendo sus antenas:
te mataremos, eres
perezosa y perversa.
El trabajo es tu ley.

Yo he visto a las estrellas,
dice la hormiga herida.
Y el caracol sentencia:
dejadla que se vaya,
seguid vuestras faenas.
Es fácil que muy pronto
ya rendida se muera.

Por el aire dulzón
ha cruzado una abeja.
La hormiga agonizando
huele la tarde inmensa
y dice: es la que viene
a llevarme a una estrella.

Las demás hormiguitas
huyen al verla muerta.

E1 caracol suspira
y aturdido se aleja
lleno de confusión
por lo eterno. La senda
no tiene fin, exclama.
Acaso a las estrellas
se llegue por aquí.
Pero mi gran torpeza
me impedirá llegar.
No hay que pensar en ellas.

Todo estaba brumoso
de sol débil y niebla.
Campanarios lejanos
llaman gente a la iglesia.
Y el caracol, pacífico
burgués de la vereda,
aturdido a inquieto
el paisaje contempla.







CANCION OTOÑAL
Noviembre de 1918. (Granada.)

Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas,
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla.
La luz me troncha las alas
y el dolor de mi tristeza

va mojando los recuerdos
en la fuente de la idea.

Todas las rosas son blancas,
tan blancas como mi pena,
y no son las rosas blancas.
que ha nevado sobre ellas.
Antes tuvieron el iris.
También sobre el alma nieva.
La nieve del alma tiene
copos de besos y escenas
que se hundieron en la sombra
o en la luz del que las piensa.

La nieve cae de las rosas
pero la del alma queda,
y la garra de los años
hace un sudario con ellas.

¿Se deshelará la nieve
cuando la muerte nos lleva?
¿O después habrá otra nieve
y otras rosas más perfectas?

¿Será la paz con nosotros
como Cristo nos enseña?
¿O nunca será posible
la solución del problema?

¿Y si el amor nos engaña?
¿Quién la vida nos alienta
si el crepúsculo nos hunde
en la verdadera ciencia
del bien que quizá no exista
y del mal que late cerca?

¿Si la esperanza se apaga
y la Babel se comienza
qué antorcha iluminará
los caminos en la Tierra?

¿Si el azul es un ensueño
qué será de la inocencia?
¿Qué será del corazón
si el amor no tiene flechas?

¿Y si la muerte es la muerte
qué será de los poetas
y de las cosas dormidas
que ya nadie las recuerda?
¡Oh sol de las esperanzas!
¡Agua clara! ¡Luna nueva!
¡Corazones de los niños!
¡Almas rudas de las piedras!
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas
y todas las rosas son
tan blancas como mi pena.

 






CANCION PRIMAVERAL
28 de marzo de 1919. (Granada.)

I
Salen los niños alegres
de la escuela,
poniendo en el aire tibio
del abril, canciones tiernas.
¡Qué alegría tiene el hondo
silencio de la calleja!
Un silencio hecho pedazos
por risas de plata nueva.

II
Voy camino de la tarde
entre flores de la huerta,
dejando sobre el camino
el agua de mi tristeza.
En el monte solitario,
un cementerio de aldea
parece un campo sembrado
con granos de calaveras.
Y han florecido cipreses
como gigantes cabezas
que con órbitas vacías
y verdosas cabelleras,
pensativos y dolientes
el horizonte contemplan.

¡Abril divino, que vienes
cargado de sol y esencias,
llena con nidos de oro
las floridas calaveras!







CANCIÓN MENOR
Diciembre de 1918. (Granada.)

Tienen gotas de rocío
las alas del ruiseñor,
gotas claras de la luna
cuajadas por su ilusión.

Tiene el mármol de la fuente
el beso del surtidor,
sueño de estrellas humildes.

Las niñas de los jardines
me dicen todas adiós
cuando paso. Las campanas
también me dicen adiós.
Y los árboles se besan
en el crepúsculo. Yo
voy llorando por la calle,
grotesco y sin solución,
con tristeza de Cyrano
y de Quijote, redentor
de imposibles infinitos

con el ritmo del reloj.
Y veo secarse los lirios
al contacto de mi voz
manchada de luz sangrienta,
y en mi lírica canción
llevo galas de payaso
empolvado. El amor
bello y lindo se ha escondido
bajo una araña. El sol
como otra araña me oculta
con sus patas de oro. No
conseguiré mi ventura,
pues soy como el mismo Amor,
cuyas flechas son de llanto,
y el carcaj el corazón.

Daré todo a los demás
y lloraré mi pasión
como niño abandonado
en cuento que se borró.












Poesia: Federico Garcia Lorca - Libro de Poemas (1921) - Poetica - Palabras de Justificacion - Veleta - Los encuentros de un caracol aventurero (1918) - Cancion Otoñal – Canc. primaveral – Canc. menor - 7 fotos seleccionadas









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Chile: Chilean Puna - 28 photos - 28 fotos - Part 2 - Music: Inti Illimani (Chile) - La mariposa - Quena (Reed flute) music - Andean folk - Link Part 1

Posted by ricardo marcenaro | Posted in | Posted on 20:44

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ATACAMA DESERT (ANTOFAGASTA AND TO THE NORTHEAST)
 

 Desert covers the entire extent east-west from the coast to very high mountains in northern Chile. Thus, there is no tree-covered montane zone in this part of the Andes. The elevation range in these pics is from sea level to nearly 16,000 feet.

First...we will start out with 3 pics from Antofagasta (only stayed for about an hour), a coastal city which is the largest in northern Chile and doesn't look entirely desert-like due to irrigation.

A beach in Antofagasta (the water temperature here was in the upper 60s, somewhat chilly for being near the Tropic of Capricorn due to the Humboldt Current...


 

video

Music: Inti Illimani (Chile) 
La mariposa 
Quena (Reed flute) music

City hall (with coastal mountains just a few miles behind)...



Probably the hardiest tree I've ever seen in a frost-free climate, the Russian olive, planted in a park next to the beach (there are palms, agaves, etc. elsewhere in the park). Normally, it's a tree planted in places like Wyoming.



Now to the northeast...there was no vegetation (except irrigated stuff in a couple towns) until around 5000' (and even above that, it was sparse). The first plants that I saw (along the roadside) were Cistanthe salsoloides (no common name), partially in bloom...



The view at that location...



A ghost town (former mining town), Oficina Anita...





San Pedro de Atacama is a touristy oasis town at around 8000' above sea level, not far from the Bolivian border. There is still very little vegetation in the surrounding hills/mountains, even though a lot of trees and other plants are planted around town...







What's this? Another Russian olive? The Chileans grow this frequently in drier parts of the country. This is possibly the largest one I've ever seen...



Here's a sand dune where I (and others) went "sand boarding" (I'm not in this pic though).



Looking east instead of north (to the sand dune)...



Valle de la Luna, near San Pedro...













Looking east from Valle de la Luna to Volcán Licancabur (the peak is over 19,000 feet above sea level and on the border with Bolivia)...



Now going east of San Pedro, closer to Licancabur...



Licancabur with Volcán Juriques (right)...



Different view, from a higher elevation...



Puna grass (which was found around 12000-13000' above sea level), with a view of part of Salar de Atacama, a large salt flat with a small amount of water...



This area is very near (less than 5 miles from) the Bolivian border (here's the sign pointing to the gravel road which goes to Bolivia)...



A view of Laguna Verde, a high-elevation (14,000') salt lake on the Bolivia side of the border (viewable from Chile)...



Highway 27 at the highest point (almost 16,000'). Occasionally this area can get snow, though annual precipitation remains very low.





One last look (at almost 16,000') towards some mountains with (gasp!) a few clouds at the horizon!


All of the above pictures on this page were taken in November 2009 by Brandt Maxwell.




Chile: Chilean Puna - 28 photos - 28 fotos - Part 2 - Music: Inti Illimani (Chile) - La mariposa - Quena (Reed flute) music - Andean folk - Link Part 1 








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Gedichte - Poesia: Friedrich Hölderlin - Der Rhein - El Rin - Deutsche Español

Posted by ricardo marcenaro | Posted in | Posted on 20:03

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DER RHEIN

An Isaak von Sinclair


Im dunkeln Efeu saß ich, an der Pforte
Des Waldes, eben, da der goldene Mittag,
Den Quell besuchend, herunterkam
Von Treppen des Alpengebirgs,
Das mir die göttlichgebaute,
Die Burg der Himmlischen heißt
Nach alter Meinung, wo aber
Geheim noch manches entschieden
Zu Menschen gelanget; von da
Vernahm ich ohne Vermuten
Ein Schicksal, denn noch kaum
War mir im warmen Schatten
Sich manches beredend, die Seele
Italia zu geschweift
Und fernhin an die Küsten Moreas.

Jetzt aber, drin im Gebirg,
Tief unter den silbernen Gipfeln
Und unter fröhlichem Grün,
Wo die Wälder schauernd zu ihm,
Und der Felsen Haupter übereinander
Hinabschaun, taglang, dort
Im kältesten Abgrund hört
Ich um Erlösung jammern
Den Jüngling, es hörten ihn, wie er tobt',
Und die Mutter Erd anklagt',
Und den Donnerer, der ihn gezeuget,
Erbarmend die Eltern, doch
Die Sterblichen flohn von dem Ort,
Denn furchtbar war, da lichtlos er
In den Fesseln sich wälzte,
Das Rasen des Halbgotts.

Die Stimme wars des edelsten der Ströme,
Des freigeborenen Rheins,
Und anderes hoffte der, als droben von den Brüdern,
Dem Tessin und dem Rhodanus,
Er schied und wandern wollt, und ungeduldig ihn
Nach Asia trieb die königliche Seele.
Doch unverständig ist
Das Wünschen vor dem Schicksal.
Die Blindesten aber
Sind Göttersöhne. Denn es kennet der Mensch
Sein Haus und dem Tier ward, wo
Es bauen solle, doch jenen ist
Der Fehl, daß sie nicht wissen wohin
In die unerfahrne Seele gegeben.

Ein Rätsel ist Reinentsprungenes. Auch
Der Gesang kaum darf es enthüllen. Denn
Wie du anfingst, wirst du bleiben,
So viel auch wirket die Not,
Und die Zucht, das meiste nämlich
Vermag die Geburt,
Und der Lichtstrahl, der
Dem Neugebornen begegnet.
Wo aber ist einer,
Um frei zu bleiben
Sein Leben lang, und des Herzens Wunsch
Allein zu erfüllen, so
Aus günstigen Höhn, wie der Rhein,
Und so aus heiligem Schoße
Glücklich geboren, wie jener?

Drum ist ein Jauchzen sein Wort.
Nicht liebt er, wie andere Kinder,
In Wickelbanden zu weinen ;
Denn wo die Ufer zuerst
An die Seit ihm schleichen, die krummen,
Und durstig umwindend ihn,
Den Unbedachten, zu ziehn
Und wohl zu behüten begehren
Im eigenen Zahne, lachend
Zerreißt er die Schlangen und stürzt
Mit der Beut und wenn in der Eil
Ein Größerer ihn nicht zähmt,
Ihn wachsen läßt, wie der Blitz, muß er
Die Erde spalten, und wie Bezauberte fliehn
Die Wälder ihm nach und zusammensinkend die Berge.

Ein Gott will aber sparen den Söhnen
Das eilende Leben und lächelt,
Wenn unenthaltsam, aber gehemmt
Von heiligen Alpen, ihm
In der Tiefe, wie jener, zürnen die Ströme.
In solcher Esse wird dann
Auch alles Lautre geschmiedet,
Und schön ists, wie er drauf,
Nachdem er die Berge verlassen,
Stillwandelnd sich im deutschen Lande
Begnüget und das Sehnen stillt
Im guten Geschäfte, wenn er das Land baut,
Der Vater Rhein, und liebe Kinder nährt
In Städten, die er gegründet.

Doch nimmer, nimmer vergißt ers.
Denn eher muß die Wohnung vergehn,
Und die Satzung und zum Unbild werden
Der Tag der Menschen, ehe vergessen
Ein solcher dürfte den Ursprung
Und die reine Stimme der Jugend.
Wer war es, der zuerst
Die Liebesbande verderbt
Und Stricke von ihnen gemacht hat?
Dann haben des eigenen Rechts
Und gewiß des himmlischen Feuers
Gespottet die Trotzigen, dann erst
Die sterblichen Pfade verachtend
Verwegnes erwählt.
Und den Göttern gleich zu werden getrachtet.

Es haben aber an eigner
Unsterblichkeit die Götter genug, und bedürfen
Die Himmlischen eines Dings,
So sinds Heroen und Menschen
Und Sterbliche sonst. Denn weil
Die Seligsten nichts fühlen von selbst,
Muß wohl, wenn solches zu sagen
Erlaubt ist, in der Götter Namen
Teilnehmend fühlen ein Andrer,
Den brauchen sie; jedoch ihr Gericht
Ist, daß sein eigenes Haus
Zerbreche der und das Liebste
Wie den Feind schelt und sich Vater und Kind
Begrabe unter den Trümmern,
Wenn einer, wie sie, sein will und nicht
Ungleiches dulden, der Schwärmer.

Drum wohl ihm, welcher fand
Ein wohlbeschiedenes Schicksal,
Wo noch der Wanderungen
Und süß der Leiden Erinnerung
Aufrauscht am sichern Gestade,
Daß da und dorthin gern
Er sehn mag bis an die Grenzen,
Die bei der Geburt ihm Gott
Zum Aufenthalte gezeichnet.
Dann ruht er, seligbescheiden,
Denn alles, was er gewollt,
Das Himmlische, von selber umfängt
Es unbezwungen, lächelnd
Jetzt, da er ruhet, den Kühnen.

Halbgötter denk ich jetzt
Und kennen muß ich die Teuern,
Weil oft ihr Leben so
Die sehnende Brust mir beweget.
Wem aber, wie, Rousseau, dir,
Unüberwindlich die Seele,
Die starkausdauernde, ward,
Und sicherer Sinn
Und süße Gabe zu hören,
Zu reden so, daß er aus heiliger Fülle
Wie der Weingott, törig göttlich
Und gesetzlos sie, die Sprache der Reinesten, gibt
Verständlich den Guten, aber mit Recht
Die Achtungslosen mit Blindheit schlägt,
Die entweihenden Knechte, wie nenn ich den Fremden?

Die Söhne der Erde sind, wie die Mutter,
Alliebend, so empfangen sie auch
Mühlos, die Glücklichen, Alles.
Drum überraschet es auch
Und schröckt den sterblichen Mann,
Wenn er den Himmel, den
Er mit den liebenden Armen
Sich auf die Schultern gehäuft,
Und die Last der Freude bedenket;
Dann scheint ihm oft das Beste,
Fast ganz vergessen da,
Wo der Strahl nicht brennt,
Im Schatten des Walds
Am Bielersee in frischer Grüne zu sein,
Und sorglosarm an Tönen,
Anfängern gleich, bei Nachtigallen zu lernen.

Und herrlich ists, aus heiligem Schlafe dann
Erstehen und, aus Waldes Kühle
Erwachend, abends nun
Dem milderen Licht entgegenzugehn,
Wenn, der die Berge gebaut
Und den Pfad der Ströme gezeichnet,
Nachdem er lächelnd auch
Der Menschen geschäftiges Leben,
Das othemarme, wie Segel
Mit seinen Lüften gelenkt hat,
Auch ruht und zu der Schülerin jetzt,
Der Bildner, Gutes mehr
Denn Böses findend,
Zur heutigen Erde der Tag sich neiget. –

Dann feiern das Brautfest Menschen und Götter,
Es feiern die Lebenden all,
Und ausgeglichen
Ist eine Weile das Schicksal
Und die Flüchtlinge suchen die Herberg,
Und süßen Schlummer die Tapfern,
Die Liebenden aber
Sind, was sie waren, sie sind
Zu Hause, wo die Blume sich freuet,
Unschädlicher Glut und die finsteren Bäume
Der Geist umsäuselt, aber die Unversöhnten
Sind umgewandelt und eilen
Die Hände sich ehe zu reichen,
Bevor das freundliche Licht
Hinuntergeht und die Nacht kommt.

Doch einigen eilt
Dies schnell vorüber, andere
Behalten es länger.
Die ewigen Götter sind
Voll Lebens allzeit; bis in den Tod
Kann aber ein Mensch auch
Im Gedächtnis doch das Beste behalten,
Und dann erlebt er das Höchste.
Nur hat ein jeder sein Maß.
Denn schwer ist zu tragen
Das Unglück, aber schwerer das Glück.
Ein Weiser aber vermocht es
Vom Mittag bis in die Mitternacht,
Und bis der Morgen erglänzte,
Beim Gastmahl helle zu bleiben.

Dir mag auf heißem Pfade unter Tannen oder
Im Dunkel des Eichwalds gehüllt
In Stahl, mein Sinclair! Gott erscheinen oder
In Wolken, du kennst ihn, da du kennest, jugendlich,
Des Guten Kraft, und nimmer ist dir
Verborgen das Lächeln des Herrschers
Bei Tage, wenn
Es fieberhaft und angekettet das
Lebendige scheinet oder auch
Bei Nacht, wenn alles gemischt
Ist ordnungslos und wiederkehrt
Uralte Verwirrung.
  





EL RIN

a Isaak von Sinclair



En la oscura hiedra sentado, en el portal
estaba del bosque, justo cuando el áureo mediodía,
visitando la fuente, bajó las escaleras
de la montaña alpina,
que se llama para mí, según creencia antigua,
la edificada por los dioses,
la fortaleza de los celestiales,
donde empero
secretamente aún mucho decidido
llega hasta los hombres; desde allí
percibí sin sospecharlo
un destino, pues en la cálida
sombra, consigo mucho discurriendo,
hacia Italia acababa
de írseme el alma divagando
y lejos, a las costas de Morea.

Ahora empero, dentro de la montaña,
hondo bajo las argénteas cumbres
y bajo el verde gozoso,
donde estremeciéndose los bosques hacia él,
y unas sobre otras las testas de las peñas
miran para abajo a lo largo de los días,
allí, en el más frío abismo, oí
el lamento de redención
del efebo, lo oyeron bramar
y acusar a la madre tierra,
y al tonante, que lo engendró,
compasivos los padres, mas
huyeron los mortales del lugar,
pues terrible era, al rodar
sin luz en sus cadenas,
la ira del semidiós.

Era la voz del más noble de los ríos,
del Rin, nacido libre,
y otra cosa esperaba él, cuando allá arriba
se separó de sus hermanos,
del Tesino y el Ródano,
queriendo peregrinar, e impaciente
a Asia lo impulsaba el alma regia.
Mas irrazonable es
desear frente al destino.
Los más ciegos, empero,
son los hijos de los dioses. Pues conoce
el hombre su casa, y al animal
fue dado dónde ha de edificar,
mas a la inexperta alma de aquéllos,
la falta de no saber adónde ir.

Un enigma es lo surgido puro. Aun
el canto apenas puede develarlo. Pues
como empezaste, quedarás,
por más que obren disciplina
y necesidad, lo más
puede el nacimiento,
y el rayo de luz que encuentra
al recién nacido.
Pero dónde hay uno,
para permanecer libre
toda su vida, y realizar solo
el deseo del corazón, así
desde alturas propicias, como el Rin,
y dichosamente así nacido
de sagrado seno, como aquél?

Por ello su palabra es de júbilo.
No ama él, como otros niños,
llorar entre las fajas;
pues cuando las costas desde el principio
se deslizan, sinuosas, hacia sus lados,
y envolviéndolo sedientas, ansían
arrastrarlo, a él, el imprudente,
y protegerlo entre sus dientes, riendo
desgarra las sierpes y se precipita
con el botín, y si en la prisa
un mayor no lo desbrava,
lo deja crecer, como el relámpago
hiende la tierra, y como hechizados huyen
tras él los bosques y hundiéndose los montes.

Pero un dios quiere ahorrar a sus hijos
la vida presurosa, y sonríe
cuando inmoderados, mas contenidos
por Alpes sagrados, en la hondura,
como aquél, se encolerizan con él los ríos.
En una fragua así, se forja luego
también todo lo puro,
y es hermoso, cómo después
de abandonar los montes,
vagando quedo se contenta
en la tierra alemana,
y calma el ansia
en misión benévola, cuando cultiva
la tierra, el padre Rin, y nutre
amados niños, en ciudades que ha fundado.

Mas nunca, nunca lo olvida.
Pues debe antes perderse la morada,
y la ley, y tornarse inicuo
el día de los hombres, antes que olvidar
pudiera tal el origen
y la pura voz de la juventud.
Quién fue el primero en corromper
los vínculos del amor,
y en hacer de ellos dogales?
Se mofaron entonces del derecho propio
y por cierto del fuego celestial
los altaneros, sólo entonces,
despreciando los senderos mortales,
escogieron lo osado
y aspiraron a igualarse a los dioses.

Pero con la propia inmortalidad
tienen los dioses suficiente, y
si necesitan los celestiales de una cosa,
es de héroes y hombres,
y demás mortales. Pues dado
que los bienaventurados nada sienten por sí,
debe, si se permite
decirlo, sentir siendo partícipe
otro en nombre de los dioses,
ése necesitan; no obstante es
su fallo, que destruya él
su propia casa e injurie
como a enemigo lo más amado,
y sepulte a padre e hijo bajo las ruinas,
si uno quiere ser como ellos
y no sufrir lo desigual, el iluso.

Dichoso por ello aquél, que halló
deparado un dichoso destino,
donde de las peregrinaciones
y pesares el recuerdo dulce
eleve aún su rumor en la margen segura,
para que hacia aquí y allá pueda gustoso
mirar hasta los límites,
que con el nacimiento Dios
le señalara por morada.
Entonces reposa, venturoso en su modestia,
pues todo lo que ha querido,
lo celestial, por sí mismo ciñe,
inexpugnado, sonriente ahora,
que él reposa, al denodado.

Semidioses pienso ahora,
y conocer debo a los caros,
pues a menudo su vida
me conmueve el pecho anhelante.
Mas a quien fue dada como a ti,
Rousseau, invencible el alma,
la de vehemencia tenaz,
y seguro el sentido,
y dulce el don de oir
y hablar, de modo de hacer
desde una plenitud sagrada, como el dios
del vino, insensata, divinamente
y sin ley, comprensible a los buenos
la lengua de los más puros,
mas de cegar, con justicia, a los irreverentes,
a los siervos sacrílegos, cómo llamo al extranjero?

Todo aman, como la madre,
los hijos de la tierra, y así también acogen,
los dichosos, todo sin esfuerzos
Por ello también se sorprende
el hombre mortal y se estremece,
cuando piensa en el cielo, que con brazos amantes
acumuló sobre sus hombros,
y en la carga del gozo;
a menudo le parece entonces lo mejor,
casi olvidado por entero estar allí,
donde el rayo no abrasa,
en la sombra del bosque,
en el fresco verdor junto al Bielersee,
y en sosegada pobreza de tonos,
igual a los principiantes, aprender de los ruiseñores.

Y magnífico es entonces resurgir
del sueño sagrado, y despertando
del frescor del bosque, ya al atardecer
ir al encuentro de la luz más suave,
cuando el que edificó los montes
y señaló el sendero de los ríos,
después de haber guiado aun, sonriente,
la atareada vida de los hombres,
pobre en aliento, cual velas
con sus aires, también reposa
y hacia la alumna ahora,
el formador, hallando
más bien que mal,
cae el día hacia la tierra actual.

Entonces celebran la fiesta nupcial hombres y dioses,
la celebran los vivos todos,
y ecuánime
es por un momento el destino.
Y los fugitivos buscan el albergue,
y dulce sueño leve los valientes,
mas los amantes son lo que fueron, están
en casa, donde se goza la flor
en brasa inofensiva, y el espíritu
envuelve en el susurro a los árboles lúgubres,
los no reconciliados, en cambio, están
transformados, y se apresuran
a tenderse las manos,
antes que la luz amiga descienda
y llegue la noche.

Mas para algunos esto
pasa fugazmente, otros
lo guardan por más tiempo.
Los dioses eternos están siempre
plenos de vida; hasta la muerte
empero, puede aun un hombre
guardar lo mejor en la memoria,
y vive entonces lo supremo.
Sólo que tiene cada cual su medida.
Pues difícil es soportar
la desdicha, pero más difícil la dicha.
Un sabio pudo, empero,
desde mediodía hasta la medianoche,
y hasta que brilló la mañana,
mantenerse lúcido en el banquete.

A ti puede aparecerse Dios en el sendero ardiente
bajo los abetos, o cubierto de acero
en la oscuridad del robledal, Sinclair querido,
o en las nubes, tú lo conoces, porque conoces, juvenil,
la fuerza del bien, y jamás está oculta
para ti la sonrisa del Soberano,
de día, cuando
febril y encadenado luce
lo vivo, o aun
de noche, cuando todo es confuso
y sin orden, y retorna
el caos antiquísimo.





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NASA: International Space Station - Spacewalkers Move Crane, Install Experiment

Posted by ricardo marcenaro | Posted in , | Posted on 17:28

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International Space Station Expedition 30 Flight Engineers Oleg Kononenko and Anton Shkaplerov wrapped up a six-hour, 15-minute spacewalk at 3:46 p.m. EST Thursday.

The two spacewalkers moved the Strela-1 crane from the Pirs docking compartment to begin preparing the Pirs for its replacement next year with a new laboratory and docking module. Kononenko and Shkaplerov used another boom, the Strela-2, to move the hand-operated crane to the Poisk module for future assembly and maintenance work. Both telescoping booms extend like fishing rods and are used to move massive components outside the station. This task was originally scheduled during an Expedition 28 spacewalk on Aug. 3, 2011, but was called off due to time constraints.

While Kononenko and Shkaplerov were on the exterior of Poisk, they also installed the Vinoslivost Materials Sample Experiment, which will investigate the influence of space on the mechanical properties of the materials.

The duo also collected a test sample from underneath the insulation on the Zvezda service module to search for any signs of living organisms.

The pair was unable to complete all the originally planned tasks, including the installation of five debris shields on Zvezda.


Flight Engineers Oleg Kononenko and Anton Shkaplerov participate in a spacewalk to continue outfitting the International Space Station. Credit: NASA


Both spacewalkers wore Russian Orlan suits bearing blue stripes and equipped with NASA helmet cameras.

This spacewalk was the 162nd in support of space station assembly and maintenance, totaling 1021 hours, 47 minutes. With two previous spacewalks during Expedition 17 in 2008 under his belt, Kononenko now has a total of 18 hours, 27 minutes of spacewalking time. It was Shkaplerov's first spacewalk and the only one scheduled during Expedition 30.

Because of the location of the activities, Commander Dan Burbank and Flight Engineer Anatoly Ivanishin entered the Poisk module at 7:20 a.m., where they were isolated for the duration of the spacewalk with access to their Soyuz TMA-22 spacecraft in the event of an emergency.

Meanwhile, Flight Engineers Don Pettit and Andre Kuipers, whose Soyuz TMA-03M is docked to the Rassvet module, were free to move about the U.S. segment of the complex.








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Pensamiento: Günter Baumann - Llega hasta el tuétano y duele. Pero anima... - Hermann Hesse y la psicología de Carl Gustav Jung - Conferencia en el 9º Coloquio Internacional sobre Hesse en Calw en 1997

Posted by ricardo marcenaro | Posted in | Posted on 3:03

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Carl Gustav Jung                                               Hermann Hesse
Haciendo 
click en los 
nombres 
tiene la
biografía 
Wiki





“Llega hasta el tuétano y duele. Pero anima...”


Hermann Hesse y la psicología de C. G. Jung
Por Günter Baumann 
(Conferencia en el 9º 
Coloquio Internacional 
sobre Hesse en Calw 
en 1997)


Las relaciones de Hermann Hesse con la psicología de C. G. Jung comienzan en la primavera de 1916 con un colapso nervioso del poeta y el subsiguiente tratamiento psicoterapéutico con J. B. Lang, un colaborador de C. G. Jung. El análisis comienza con el ingreso en el hospital “Sonnmatt” de Lucerna, pero obviamente para Hesse es tan fructífero que, tras su alta al cabo de aproximadamente año y medio, decide desplazarse una vez por semana desde su domicilio en Berna hasta Lucerna para ver a Lang. Por eso se producen 72 consultas analíticas de tres horas cada una, es decir, más de doscientas horas de terapia. En otoño de 1917 Hesse se encuentra por primera vez con C. G. Jung en un hotel de Berna y con él se sumerge durante toda una tarde en una apasionada conversación sobre sus más recientes ideas y teorías psicológicas. Es interesante observar que por aquel entonces Hesse ya reacciona ante Jung con su característica ambivalencia, que más tarde sería cada vez más determinante en cuanto a su relación con él y con la psicología profunda. En una reseña de diario, tras el encuentro anota: “Ayer por la tarde hablé por teléfono con el Dr. Jung de Zurich... y me invitó a cenar en el hotel. Yo acepté y estuve con él hasta cerca de las once de la noche. Mi valoración de él cambió varias veces durante este primer encuentro, a veces me gustaba su seguridad en sí mismo y a veces me causaba rechazo, pero en conjunto quedó una impresión muy buena.” Al mismo tiempo Hesse comienza a leer los escritos de Jung y valora su obra de juventud, los Wandlungen und Symbole der Libido (“Cambios y símbolos de la libido”) (hoy: Symbole der Wandlung [“Símbolos del cambio”]), calificándola de “genial”. Desde luego estas fuertes impresiones de Jung son el motivo por el que Hesse, en el siguiente periodo de crisis de su vida, durante el divorcio de su primera mujer y una inhibición en la producción poética, pide por impulso propio la ayuda terapéutica del maestro para la redacción de su Siddhartha. En el verano de 1921 se produce una secuencia de análisis de varias semanas de duración en la vivienda de Jung en Küsnacht. Las cartas de Hesse de aquella época muestran su entusiasmo casi eufórico sobre la personalidad y las capacidades analíticas de su terapeuta: “Con Jung estoy viviendo ahora, en medio de una difícil situación de mi vida que con frecuencia apenas puedo soportar, la conmoción del análisis... Llega hasta el tuétano y duele. Pero anima... Sólo puedo decir que el Dr. Jung lleva mi análisis con extraordinaria seguridad, incluso con genialidad.” Tras el análisis resume: “Me habría gustado continuar el psicoanálisis con Jung, pues tanto por su intelecto como por su carácter es una persona espléndida, llena de vida, genial. Le debo mucho y me alegro de haber podido estar con él durante un tiempo.”

Cuando a mediados de los años 20 también se desmorona el segundo matrimonio de Hesse, se dirige de nuevo a Lang y se encuentra con él entre diciembre de 1925 y marzo de 1926, mientras redacta Steppenwolf (“El lobo estepario”), para celebrar sesiones analíticas en un marco amistoso. Parece que en esta época de máxima crisis en la vida de Hesse –al parecer jugó durante mucho tiempo con ideas serias de suicidio- Lang no sólo se convirtió en amigo y asesor terapéutico, sino también en la persona de referencia más importante en este “invierno de lobo estepario”. Más tarde esta relación cambió de signo. Más o menos a partir de 1927 Hesse se convierte en amigo y ayudante de Lang, que sufría una intensa patología, y pudo devolverle una parte considerable de la ayuda que de él había recibido. Durante su tercer matrimonio se estabilizó definitivamente la vida de Hesse, de modo que no necesitó más ayuda psicoterapéutica. Pero tanto con Lang como con Jung conservó una relación de amistad que duró toda la vida.

¿Cuáles fueron las causas de que Hesse se ocupase durante tanto tiempo y con tanta intensidad de la psicología de Jung? Si se observa con detalle la evolución del poeta y del psicólogo, se puede decir que sus relaciones intelectuales y personales estaban marcadas por la amplia influencia del destino. Esto tiene varias razones, que en parte están relacionadas entre sí. Lo primero que destaca es una serie de ciertas coincidencias biográficas: ambos procedían de familias decididamente religiosas de origen protestante; Jung era hijo de pastor, Hesse hijo de misionero. Ambos pasaron en sus casas paternas por una estricta escuela de conciencia moral y religiosa y quedaron gravemente traumatizados. Hermann Hesse describió estos métodos de educación en su cuento Kinderseele (“Alma de niño”) o en la introducción de Demian, pero al hacerlo oculta que los obtusos padres, en su delirio religioso, al creer que debían romper a toda costa la voluntad del hijo díscolo le empujaron hasta el manicomio y hasta el intento de suicidio. De forma muy similar, aunque no tan dramática, transcurrió la infancia de C. G. Jung. En su autobiografía, asombrosamente sin profundizar en la importancia fundamental de esta experiencia para su vida, describe los profundos sentimientos de culpa y el complejo de inferioridad que sufrió de muchacho: “Yo también sentí mi inferioridad... Yo soy un diablo o un cerdo, pensaba, algo despreciable. Cuanto mayores eran mis sentimientos de inferioridad, tanto más incomprensible me parecía la misericordia de Dios. Yo nunca estaba seguro sobre mí mismo. Cuando mi madre dijo una vez: ‘tú siempre fuiste un buen muchacho’, no podía darle crédito. ¿Yo un buen muchacho? Eso era una novedad. Yo pensaba... siempre pensé que era una persona echada a perder e inferior.”
En mi opinión, estos sentimientos de inferioridad moral resultantes de la educación moralista religiosa en la casa paterna protestante constituyen la base común de la evolución psíquica de Hermann Hesse y de C. G. Jung. Ambos habrían podido sucumbir en esta cámara de torturas anímica espiritual; pero fue característico que su voluntad de vivir y el impulso de afirmación fueron suficientemente grandes como para convertir estos impulsos destructivos en una forja de genios, de modo que al final no se produjo la locura y el suicidio, sino una postura intelectual altamente productiva que se podría denominar el “síndrome alemán de parroquia”: la combinación de una inteligencia extraordinaria y la susceptibilidad moral con profundos sentimientos de culpa y de inferioridad. De ello, también en ambos, no sólo surge el continuo impulso hacia un rendimiento extraordinario en la vida como compensación del trauma en la temprana niñez, sino también una marcada receptividad ante la misma teoría de la liberación – concretamente la teoría cristiana del pecado original y la misericordia. La antropología paulina y la teología de la caída en la tentación sin salvación posible para el hombre ante el mal, y sin embargo su justificación por la misericordia divina, se convierte para Hesse y para Jung, al igual que para un sinfín de pecadores antes y después de ellos, en la “puerta del paraíso”. En mi libro Der archetypische Heilsweg (“El camino arquetípico de la salvación”) he tratado de demostrar que Hesse y Jung siguen en sus principales experiencias de la vida y en el significado que le dan a la vida un modelo básico que llega desde Jesús hasta Martín Lutero, pasando por San Pablo y San Agustín. Más tarde, Jung llama al concepto paulino del “pecado original” en su terminología psicológica la “sombra”, como oponente moral e inferior del yo; la experiencia liberadora de la misericordia divina la califica de manifestación de la integridad del individuo. En mi opinión, para Hesse y para Jung, al igual que para sus predecesores religiosos desde Jesús hasta Lutero, fue la única posibilidad de salvar su alma a pesar de su insalvable juventud. Naturalmente, esto también explica por qué Hesse, pese a todo, asumió tan de buen grado la teoría de Jung sobre la sombra y sobre la integridad del ser humano y la reprodujo en su obra.

A esto se añade el aspecto psicoterapéutico. En tres situaciones de crisis decisivas en su vida, como ya hemos dicho, Hesse intenta obtener la ayuda del análisis del Jung. Obviamente se confronta a un modelo de significación ilustrativa y fructífera para sus problemas psíquicos, lo que también es comprensible por sus precondicionantes biográficos. Pero el ideario de Jung le cautiva hasta tal punto que decide no sólo utilizarlo para su curación personal, sino también para su trabajo literario. Así surgen, sucesivamente y en estrecha relación con una psicoterapia jungiana, sus tres grandes novelas Demian, Siddhartha y Der Steppenwolf (“El lobo estepario”), en las que Hesse utiliza sus experiencias psicoterapéuticas y las impresiones de sus lecturas para la configuración de motivaciones y composiciones de sus obras poéticas. Pero, en tercer lugar, también se han de tener en cuenta aspectos psicológicos religiosos si se quieren comprender las motivaciones de la receptividad de Hesse ante el pensamiento de Jung. Hesse también encuentra en la psicología de Jung un instrumental para –al igual que el propio Jung– interpretar el fundamento religioso de su vida de un modo nuevo, contemporáneo y estimulante, y hacer que sea fructífero para su trabajo poético. La teoría de Jung le proporciona la clave para el mensaje central de sus obras desde Demian: la identidad de la experiencia propia y la experiencia de Dios. Desde luego parece que Hesse queda más bien confirmado y legitimado, más que estimulado de nuevo, por la psicología de la religión de Jung en cuanto a sus propias experiencias y conocimientos religiosos. Estaba preparado para ello gracias a su propia educación religiosa en la casa paterna, a través de la lectura de la literatura religiosa clásica, desde la Biblia hasta los Upanisad y el Tao-te-king, pasando por los proverbios de Buda y de Confucio. De la teoría de Jung retomó sus propios criterios e ideas religiosas, las sistematizó, las legitimó y las complementó de un modo fascinante, ayudándole a liberarse del concepto del mundo religioso convencional.

Pero también forma parte del conjunto de relaciones de Hesse con la psicología de Jung la distancia parcial que desarrolló Hesse, ya mayor, frente a Jung y Lang, pero por encima de ellos hacia la psicología profunda. Esto también tiene varios motivos. En una carta de noviembre de 1958, Hesse resume de este modo su relación con el psicoanálisis: “Personalmente el análisis me ha servido, concretamente me ha servido la lectura de algunos libros de Freud y Jung más que el análisis práctico. Más tarde se enfrió mi relación con el psicoanálisis, en parte porque pude asistir a muchos casos de análisis fracasado, incluso con efectos nocivos, pero en parte porque nunca me encontré con un analista que tuviera una auténtica relación con el arte. Pero en conjunto sigo teniendo una postura amable hacia la psicología profunda.”

La razón principal de la reserva de Hesse ante la psicología profunda cuando fue mayor consistió, por lo tanto, como demuestran también otros documentos, en lo alejados que estaban los analistas del arte. Hesse critica que los psicoanalistas no ven en el arte otra cosa más que una forma de expresión del inconsciente, y que el sueño neurótico de un paciente cualquiera es para ellos igual de valioso, y mucho más interesante, que Goethe en su totalidad. En su opinión, esto también se aplicaba a Freud, Lang y Jung. Le irritaba sobre todo la llamada “ciencia literaria psicoanalítica”, que él denominaba “psicología de los formados a medias” y que en una inteligente polémica caracterizó del siguiente modo: “Sobre la base de sus poemas se investigan los complejos y las ideas preferidas de un poeta, y se constata que pertenece a ésta o a aquella clase de neuróticos, se declara una obra maestra deduciéndola de las mismas causas que la agorafobia del señor Müller o los trastornos gástricos nerviosos de la señora Maier. Se distrae la atención de forma sistemática, y con un cierto afán de venganza (el afán de venganza de quien no está dotado de intelectualidad), de las obras poéticas, se degradan los poemas a síntomas de estados anímicos... y todo ello parece no realizarse con otra intención que la de tratar de demostrar que también Goethe y Hölderlin fueron simples personas... Sería un resultado chusco que un literato hábil sometiese a su vez estas interpretaciones pseudoanalíticas de los poetas a un análisis y señalase los impulsos muy simples con los que estos pseudopsicólogos alimentan su entusiasmo.”

Sin embargo, esta ignorancia estética artística del psicoanálisis no pudo impedir a Hesse seguir reconociendo su aportación esencial al conocimiento moderno del ser humano y el efecto inspirador para su obra. ¿Cuál es la influencia específica de la psicología de Jung en la obra de Hesse? En primer lugar destaca el hecho de que Hesse aborda la teoría del arquetipo de Jung en toda una serie de obras y la modifica de forma característica. Por ejemplo, el arquetipo de la “sombra” aparece por primera vez en Demian en forma del pilluelo sádico Kromer, hacia el que Sinclair, el protagonista, se ve oscuramente atraído y en el que más tarde reconoce una parte de su propio yo. En la novela Klein und Wagner (“Klein y Wagner”), el funcionario Friedrich Klein comprende que detrás de su fachada de pequeño burgués se esconde el impulso de vividor y de asesino, y le da a esta parte oscura de su yo el nombre de “Wagner”. El filósofo y buscador de la salvación Siddhartha experimenta su parte oscura como bebedor, jugador y avaro comerciante durante su periodo mundano. En Steppenwolf (“El lobo estepario”), Harry Haller debe reconocer que detrás de la definición de sí mismo, intelectualmente hermosa, se esconde un impulso animal que sólo “quiere deambular por las estepas, a veces beber sangre o cazar una loba”. También en el inocente Goldmundo, Don Juan y artista, despunta a veces su parte oscura en accesos de violencia periódica y en dos asesinatos.

El arquetipo de Jung sobre el ánima también tiene una función de leitmotiv en la obra de Hesse. En Demian, en analogía con la Divina Commedia de Dante, es primero la muchacha Beatrice que arranca al muchacho Sinclair de sus depresiones y le lleva del “inferno” al “paradiso”. Más tarde reconoce que Eva, mujer apasionadamente admirada, en el sentido de Jung es sólo una “alegoría de su interior”, y vive un renacimiento visionario a través de la explosión de la granada que proyecta en ella. Siddhartha, bajo la influencia de su alma en forma de su amada Kamala, tal y como describe Jung, se convierte de persona con espíritu abstracto en hombre de mundo sensible. En el Steppenwolf (“El lobo estepario”), el nombre de Hermine, por sí solo, ya remite a la forma feminizada del nombre del poeta, a su función clásica de ánima: trae a la vida a Harry Haller, espiritualmente muy desmoronado, incapaz de vivir y desesperado candidato al suicidio, y le introduce en el amor. También en Narziss und Goldmund (“Narciso y Goldmundo”) el concepto de ánima de Jung desempeña otro papel esencial cuando Hesse motiva el comportamiento de casanova que tiene Goldmund con la búsqueda de lo “eternamente maternal”, y también asocia su concepto ambivalente de la vida con el arquetipo de madre. Incluso en el mundo con escasa presencia de mujeres que hay en la obra tardía de Hesse, el ánima vuelve a surgir, por ejemplo cuando el cronista de Morgendlandfahrt (“Viaje a Oriente”) indica como objetivo de su viaje la conquista de la hermosa princesa Fatme. Por lo tanto, el famoso dicho de que “lo eternamente femenino nos atrae” se aplica no sólo para el Fausto de Goethe, sino también para los héroes de Hesse.

Sin embargo, la teoría del ánima de Jung también desempeña un cierto papel en la obra de Hesse, aunque subalterno. Kamala, cuando se ha vuelto vieja, mientras busca al Buda iluminado se encuentra con su antiguo amante Siddhartha y reconoce que éste ha igualado al famoso fundador de la religión. Así, en coincidencia con las teorías de Jung, proyecta su propia espiritualidad no realizada tanto a su amigo como más tarde a la dama cortesana Hermine en Steppenwolf (“El lobo estepario”), para la cual Harry Haller encarna su propio anhelo incumplido de una espiritualización de su vida.

Los símbolos del yo desempeñan en las novelas de Hesse un papel más importante y una función de leitmotiv, desde Demian hasta el Juego de abalorios. En Demian es el propio héroe, cuyo nombre pone el título, quien, en su precoz madurez espiritual, en su falta de edad y su naturaleza andrógina, encarna el carácter deseado de totalidad del yo como individuo en el sentido de Jung. Por el contrario, en Siddhartha el mismo héroe del título y el anciano barquero Vasudeva son los que alcanzan el objetivo de lograr la individualidad completa según Jung. En El lobo estepario, el saxofonista Pablo y los “inmortales” Goethe y Mozart actúan como modelos para el proceso de individualización de Harry Haller. Finalmente, en su obra tardía, el sirviente Leo de Viaje a Oriente, así como el maestro de música antigua y Josef Knecht, del Juego de abalorios, encarnan símbolos del yo individual.

La teoría de los arquetipos de Jung desempeña por lo tanto un papel central en la configuración de personajes en la prosa media y tardía de Hesse. En general, los héroes de Hesse son tipos – más concretamente: arquetipos -, y no tanto personajes. Desde luego, el carisma y la fuerza de la fascinación supracultural que parte de estos personajes también son un motivo fundamental del continuo éxito global de las obras de Hesse. Ha creado personajes que en todas las culturas, y en todas las épocas, se entienden y se reconocen como encarnaciones de posibilidades fundamentales del ser humano.

Además, Hermann Hesse también recogió toda una serie de motivos individuales de Jung en su obra narrativa. Esto se aplica sobre todo para Demian, que Hesse escribió en 1917, cuando terminaba el análisis de año y medio con J. B. Lang, y donde incluyó sus experiencias psicoterapéuticas y los frutos de su lectura de los escritos de Jung. Por ejemplo, el mensaje de Abraxas, el dios que también incluye al diablo en sí mismo, procede de la publicación privada de Jung Septem sermones ad mortuos, de 1916, donde con lenguaje de himno anuncia esta divinidad gnóstica. Lo mismo se aplica para la nueva interpretación de Demian del mito de Caín y de la historia del usurero en el Gólgota, que también proceden del ideario gnóstico. Las anotaciones de un diario de Hesse, que se han encontrado hace poco, demuestran que durante su primer encuentro con Jung, en el año 1917, también se habló de “lo gnóstico”. Por eso Jung afirmó, desde luego con razón, que los motivos gnósticos en Demian llegaron a Hesse a través de él mismo y de J. B. Lang. Probablemente otros motivos de Demian proceden más bien de la lectura de Hesse de los Cambios y símbolos de la libido de Jung. Esto se aplica, por ejemplo, para el sueño de Sinclair sobre el incesto con un personaje de mujer que va evolucionando desde su madre personal hacia una combinación suprapersonal de madre, prostituta y amante. También se sabe que, con el personaje de Pistorius, Hesse quiso crear un monumento literario a su amigo y psicoterapeuta J.B. Lang. Además, en Demian no fue casualidad que C. G. Jung, tras la lectura, escribiera de inmediato a Hesse con entusiasmo y adquiriera la obra para la biblioteca de su instituto de Zurich. Pero también las obras posteriores están influidas, en parte considerablemente, por el pensamiento de Jung en cuanto a los motivos y las ideas, más allá de la teoría de los arquetipos. Por ejemplo, el motivo del cruce del río como símbolo de un cambio fundamental de personalidad en Siddhartha y en Narciso y Goldmundo desempeña un papel importante y al mismo tiempo se desarrolla ampliamente en la obra de Jung Cambios y símbolos de la libido. La antropología de El lobo estepario todavía está más claramente obligada a los conceptos de Jung. Cuando en el tratado de El lobo estepario Harry Haller es informado sobre el hecho de que no está constituido sólo por dos, sino por una cantidad infinita de disposiciones y pares de polos, la teoría de Jung del inconsciente colectivo ofrece la base teórica para ello. Además, precisamente en El lobo estepario se reconoce con claridad el concepto de Jung sobre el proceso de individualización. La tarea de Harry Haller consiste en superar el dualismo entre su yo colectivo y su sombra en la figura del lobo estepario, en reconocer su alma en su encarnación a través de Hermine y Goethe, Mozart y Pablo como símbolos de su propio yo, para así realizar su diversidad interior. En el Teatro Mágico esto se produce al final de la novela, cuando Harry Haller se enfrenta a las disposiciones, los deseos y los impulsos de su inconsciente colectivo. Por eso se puede decir que El lobo estepario, junto con Demian, son las obras más intensamente influidas por la psicología de Jung, y que sin este fundamento intelectual no se puede concebir su génesis ni se pueden entender suficientemente.

Pero el tratamiento que hace Hesse de la teoría de Jung sólo se entiende en toda su profundidad y complejidad si se considera su influencia en la obra concreta no sólo de modo aislado, sino incluyendo también una investigación longitudinal de la lucha intelectual de Hesse desde Demian hasta el Juego de abalorios. Implícitamente se vinculan aquí determinadas fases del tratamiento del pensamiento de Jung, que al mismo tiempo abren perspectivas características en el desarrollo filosófico del poeta. Como ya se ha indicado, la novela Demian, tras un proceso de individualización ejemplar al estilo Jung, termina con el encuentro de sí mismo y con la autonomía del protagonista Sinclair. La problemática de la vida cotidiana tras esta primera experiencia del yo individual y el logro de una relación equilibrada entre las necesidades del yo individual y del yo es algo que ya no se tematiza en esta obra. Estas cuestiones no resueltas constituyen la base intelectual de las narraciones y novelas siguientes.

En la novela corta Klein y Wagner, el protagonista Friedrich Klein sufre hasta la desesperación por el hecho de que sus experiencias periódicas sensoriales y de liberación no se pueden perpetuar, pues no hay vida duradera desde el yo individual. Su caída en un lago de Tessin termina desde luego con la experiencia extática de que la salvación sólo puede existir en un “dejarse caer” sin condiciones hacia la vida y la ley de polaridad que ésta involucra. Por eso Klein y Wagner es el primer testimonio poético de la esperanza de Hesse de alcanzar un estado de liberación y falta de sufrimiento permanentes a través de la superación del yo y la completa autoafirmación de sí mismo.

El hecho de que esta esperanza tuvo que ser pronto corregida lo demuestra la siguiente novela corta, Klingsors letzter Sommer (“El último verano de Klingsor”), que escribió inmediatamente después de Klein y Wagner en el verano de 1919. El pintor Klingsor, por medio de una transformación “mágica” de la realidad existente, intenta anular los límites de espacio, tiempo y cultura y superar la dolorosa polaridad de la conciencia del yo en una “unión mística” de la psique y el mundo. Pero también Klingsor debe experimentar que su éxtasis sólo tiene una duración pasajera, pues con él no puede anular sus antiguas angustias. Finalmente se da cuenta de que la angustia es el auténtico motor de su fuerza creativa artística y, dedicándose enfermizamente al trabajo, realiza un autorretrato como alegoría superpersonal del hombre europeo contemporáneo y de su decadencia. Por lo tanto, en Klingsor ya se reconoce el sufrimiento como una parte insuperable de la vida; pero al mismo tiempo Hesse todavía persigue un modelo de armonía esencialmente romántico subjetivo y un ansia de salvación que no acepta las propias leyes de la realidad ni la limitación del propio yo, sino que en definitiva trata de superar ambas cosas. Klingsor sigue siendo un buscador radical de la liberación que pretende lograr una vida en el yo  individual y una permanencia en ese yo. Lo mismo se aplica para el relato Siddhartha. El héroe del mismo nombre pasa por el mundo y por la sociedad, pero se hunde al hacerlo y aprende a aceptar el sufrimiento como parte inmutable de la vida; sin embargo esta obra también termina con la retirada del héroe de la sociedad hacia una vida meditativa contemplativa en el yo individual. Al final, Siddhartha tampoco tiene que pelearse ya con la tediosa cotidianeidad del mundo y la sociedad.

Hesse aborda por primera vez esta problemática en Kurgast (“Huésped de balneario”, 1924). En estas reseñas autobiográficas describe abiertamente sus reacciones ante la sociedad de un balneario, marcadas por una irónica distancia, por sentimientos de inferioridad inconfesos y por agresiones latentes. Cuando reconoce estas reacciones egocéntricas y su contradicción con sus ideales, primero trata de cambiar intencionadamente su comportamiento. Pero fracasa; sólo cuando, de camino al comedor, vuelve a oír de pronto, sin pretenderlo, la “voz de Dios” dentro de sí, se siente salvado y liberado. Por lo tanto, a pesar de ser una primera confrontación del hombre con su yo individual y la sociedad, el Huésped de balneario vuelve a desembocar en un modelo de armonía. Las anotaciones terminan con el retorno del narrador a su yo individual y a una conciencia religiosa que sólo estuvo irritada y perturbada durante breve tiempo.

También en Nürnberger Reise (“Viaje a Nuremberg”, 1927) Hesse describe su sufrimiento ante la realidad del mundo moderno, que siente como algo inhumano y sin espíritu, y su desesperación por la discrepancia entre su yo ideal y la personalidad empírica. Al final del relato desarrolla dos visiones que pretenden librarle de su trágico conflicto con el mundo y consigo mismo – es el humor como postura distanciadora de la realidad y del mito del “inmortal”. De modo característico, en esta obra se remite a los poetas Hölderlin y Mörike, alejados del mundo, como “constructores por asco ante la realidad” nombrándolos representantes de los “inmortales”, pues su obra le parece una apoteosis del sufrimiento. Por eso el Viaje a Nuremberg, al igual que ya hiciera el Huésped de balneario, tienen una importante función de bisagra entre las obras principales Siddhartha y El lobo estepario: la antropología normativa de Siddhartha, el ideal de lo sagrado o de la completa autoafirmación en el sentido de Jung, en combinación con una amarga resistencia frente a las leyes de la realidad, sigue siendo para Hesse una línea maestra vinculante incluso para su propia vida, incluso al precio de una dolorosa discrepancia entre ideal y realidad. Sólo en El lobo estepario adaptará Hesse su concepto de inmortalidad y de humor a las deficiencias del mundo y de su propio yo.

En esta obra, el punto de partida también es un conflicto trágico del héroe Harry Haller consigo mismo y con la realidad, ya que espera de sí mismo la sucesión de Jesús y de Buda. Al igual que en Huésped de balneario y en Viaje a Nuremberg, fracasa esta pretensión para las circunstancias de la personalidad empírica: Haller se da cuenta de que no puede superar su “sombra” de impulsos anarquistas en la figura del lobo estepario. Por eso cae en la desesperación y en ideas de suicidio. Los personajes arquetípicos Hermine, Maria y Pablo intentan curarle de su neurosis y acercarle a la vida, pero todos sus esfuerzos fracasan. Por eso, al final de la novela, el intento de curación debe efectuarse de modo ritual. En el “Teatro Mágico” aparece Mozart y le explica a Haller el secreto de los “inmortales”: la fundamentación de una relación humorística y desenfadada con la eterna insuficiencia del mundo y del propio yo, así como la lúdica realización de la diversidad psíquica de la personalidad en el sentido de Jung. El humor y la sucesión de los “inmortales”, según comprende ahora Haller, no son, como se exponía en el tratado, alternativas estrictas y no implican una “teoría de la razón” con la burguesía ni un fracaso trágico; los “inmortales” son naturalezas llenas de humor y, a pesar de toda la diferenciación psíquica, tienen una relación reconciliadora con la finitud del yo y el mundo. La novela termina con esta visión de solución para los sufrimientos de Haller: “Por un lado, representaría mejor el papel de los personajes. Por otro lado, aprendería a reír. Pablo me esperaba. Mozart me esperaba.”

Hesse, con razón, valoró la obra como “catarsis” en cuanto a su desarrollo personal. Con el ejemplo de Haller, que está construido claramente como autorretrato del poeta, describe cómo un hombre con mentalidad idealista y graves perturbaciones psíquicas, que espera lo imposible de sí mismo y del mundo, a través del conocimiento de sí mismo y de enfrentarse a determinados personajes simbólicos arquetípicos, encuentra la visión de una nueva integridad psíquica y nuevas ganas de vivir. Así Hesse supera la cosmogonía utópica trágica y la propia interpretación de sus años de crisis –que una vez más se resume se resume modélicamente en el tratado del lobo estepario-, y por primera vez desarrolla la perspectiva de una reconciliación de máxima humanidad y capacidad vital: Pablo, Mozart y Goethe como símbolos del yo individual y modelos del desarrollo de Haller son personajes dotados de humor, que afirman la vida y, al mismo tiempo, son seres humanos con una extremada diferenciación, capacidad de cambio y armonía interna. Esto implica un giro determinante del mito de Hesse sobre los “inmortales”: si en el Viaje a Nuremberg Hölderlin y Mörike todavía encarnaban el concepto de los artistas inmortales, ahora lo hacen Goethe y Mozart. En esta nueva disposición hacia la reconciliación con la eterna insuficiencia del yo y el mundo se inserta también la transición hacia la obra tardía de Hesse. En las categorías de la psicología de Jung, tras una lucha interna que duró años, con El lobo estepario comienza la aceptación de los propios derechos del yo y el mundo que, junto con el desarrollo del humor y la capacidad vital, forman parte de las últimas y más difíciles tareas del proceso de individualización. Para Hesse, con la catarsis de El lobo estepario termina definitivamente el desarrollo inflacionario del yo individual durante sus años de crisis.

En Narciso y Goldmundo se recogen también estos conocimientos psicológicos filosóficos fundamentales de El lobo estepario. Durante una conversación, Narciso le indica a Goldmundo que una humanidad íntegra es inalcanzable, y que por eso la vida humana es un eterno viajar: “El ser íntegro es Dios. Todo lo demás sólo es a medias, sólo es parcial.... para nosotros no hay plenitud, no hay un ser completo.”
Dos de estas aproximaciones a la idea de la integridad son Narciso y Goldmundo, pero de un modo diametralmente distinto. Goldmundo se aproxima a la plenitud a través de la vida y del arte. El precio de esta postura existencial es su eterno desasosiego, que le hace huir del aspecto pasajero de la vida hacia el arte, y del estancamiento en una existencia como artista sedentario de nuevo a la vida. Por el contrario, Narciso intenta una aproximación espiritual religiosa a la idea de la plenitud. Concibe su vida como una aproximación infinita a Dios. El precio de esta postura ante la vida es la falta de realización del principio materno de la vida, y así sucede que el anterior guía de Goldmundo se convierte en guiado al final de la novela, cuando el agonizante Goldmundo le recuerda a su amigo su alma no realizada: “¿Cómo es que quieres morirte, Narciso, si no tienes madre? Sin madre no se puede amar. Sin madre no se puede morir.”

También en el Viaje a Oriente se presenta la vida y la búsqueda de la plenitud como un proceso permanente. Esto se demuestra, por un lado, en la pérdida y la recuperación del enlace con el grupo de los viajeros a Oriente a través del cronista, y por otro, de modo aún más claro, en la perspectiva final del relato: la visión de una transformación del narrador en primera persona en el personaje del sirviente Leo. Claro que, unido a esto, se pone el acento en la utopía de Hesse sobre el hombre autoafirmado: al igual que Leo, el hombre concebido como modelo es una personalidad que vive en armonía consigo mismo y con el mundo, que es alegre, que se realiza al servicio del espíritu y del hombre. Esta dimensión social del hombre modélico es una novedad en la antropología normativa de Hesse, pero está en consonancia integradora con las teorías de Jung, pues éste siempre subrayó que el hombre autoafirmado también tiene necesariamente una orientación social. Según Jung, quien ha avanzado hasta su yo individual se siente atraído hacia las demás personas, ya que conoce las dimensiones humanas generales de su inconsciente colectivo. Para él está totalmente claro que todas las demás personas son sólo imágenes de posibilidades psíquicas propias.

Josef Knecht, el héroe de El juego de abalorios, la última novela de Hesse, es también un eterno insatisfecho que pretende avanzar, pero que encuentra su realización sólo en el servicio a los demás. La vida contemplativa de meditación en la Provincia Pedagógica de Castalia y la práctica del juego de abalorios termina por no bastarle, y en él surge también el impulso por hacer que el “magister ludi”, que ha ascendido hasta los más altos honores, asuma responsabilidad pedagógica en la vida concreta fuera de la torre de marfil espiritual, con objeto de realizar así la dimensión social de su yo individual. De este modo el conocimiento fundamental del lobo estepario sobre la imposibilidad de la plenitud y el eterno viajar hacia un ideal inalcanzable se retoma en un nuevo plano y se complementa con el principio ético de la participación concreta en la humanidad. La meditación y la acción se unen entre sí en un ideal bipolar: “No debemos huir de la vida activa a la vida contemplativa, ni al contrario, sino que hemos de estar alternativamente en camino entre ambas, sentirnos en casa en ambas, participar en ambas.”

Con esto llego al intento de establecer un hecho: las obras de Hesse estuvieron muy influidas por la teoría de Jung, y no sólo Demian y El lobo estepario. Esto se demuestra por la configuración de los personajes arquetípicos, en el concepto de individualización y en motivos concretos de prácticamente todas sus grandes obras de prosa escritas durante el periodo creativo medio y tardío. El pensamiento de Jung y su aplicación objetivadora en su arte le permitió a Hesse, como al propio Jung, lograr la reintegración y la nueva plenitud de la personalidad que a ambos les habían quitado sus padres y sus educadores. La psicología de Jung y su propia producción artística fueron para Hesse la terapia que necesitaba para, después de las vivencias traumatizantes de su niñez, ser siquiera capaz de vivir e incluso formar una identidad intelectual propia e inconfundible. Al mismo tiempo, Hesse consideró con criterio bastante crítico las teorías de Jung, así como toda la psicología profunda, y aplicó y siguió desarrollando de forma peculiar y creativa sus conceptos antropológicos en su pugna humana y poética.

Tras la búsqueda radical de la redención durante sus años de crisis desde Demian hasta El lobo estepario, a través de dolorosas experiencias propias también se da cuenta de la verdad formulada por Jung de que es imposible lograr una liberación y una redención duraderas.

Sólo este conocimiento libera a Hesse definitivamente de la influencia dominadora de la psicología profunda en su obra y le abre la mirada para reconocer la polaridad indisoluble de la existencia y la condición humana como un permanente estar en camino. A estos hilos conductores dedicó su obra tardía, desde Narciso y Goldmundo hasta El juego de abalorios.

La expresión más hermosa y conmovedora de este conocimiento, en mi opinión, se encuentra sin embargo en su poema tardío Stufen (“Etapas”), con cuya primera estrofa voy a terminar mi conferencia:

Stufen

Wie jede Blüte welkt und jede Jugend
Dem Alter weicht, blüht jede Lebensstufe,
Blüht jede Weisheit auch und jede Tugend
Zu ihrer Zeit und darf nicht ewig dauern.

Es muss das Herz bei jedem Lebensrufe
Bereit zum Abschied sein und Neubeginne,
Um sich in Tapferkeit und ohne Trauern
In andre, neue Bindungen zu geben.
Und jedem Anfang wohnt ein Zauber inne,
Der uns beschützt und der uns hilft, zu leben.



Etapas

Igual que toda flora se marchita y toda juventud
deja paso a la edad, florece cada etapa de la vida,
florece cada sabiduría y cada virtud
en su momento, y no puede durar siempre.

Dispuesto debe estar el corazón a cada llamada
de la vida para despedirse y comenzar de nuevo,
para darse a otras ataduras, distintas y nuevas,
sin aflicción y con valentía.

Y cada comienzo lleva en sí una magia
que nos protege y a vivir nos ayuda.

Copyright Günter Baumann, Balingen




Pensamiento: Günter Baumann - Llega hasta el tuétano y duele. Pero anima... - Hermann Hesse y la psicología de Carl Gustav Jung - Conferencia en el 9º Coloquio Internacional sobre Hesse en Calw en 1997


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