Poesía: Charles Baudelaire - Part 40 - PIEZAS DIVERSAS - La voz - Lo imprevisto - El rescate - A una malabaresa - 46 Links

Posted by ricardo marcenaro | Posted in | Posted on 18:51




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RM

 
Charles Baudelaire

Francia








PIEZAS DIVERSAS




XVII
LA VOZ

Mi cuna se adosaba a la biblioteca,
Babel sombría, donde novela, ciencia, romance,
Todo, la ceniza latina y el polvo griego,
Se mezclaban. Yo era alto como un infolio.
Dos voces me hablaban. La una, insidiosa y firme,
Decía: "La Tierra es un pastel colmado de dulzura;
Yo puedo (¡Y tu placer entonces no tendrá término!)
Procurarte un apetito de igual grosor."
Y la otra: "¡Ven! ¡oh! ven viajero en los sueños,
Más allá de lo posible, más allá de lo conocido!"
Y ésta cantaba como el viento de las plazas,
Fantasma gemebundo, no se sabe de dónde venido,
Que acaricia el oído y empero lo espanta.
Yo respondí: "¡Sí! ¡Dulce voz!" Es desde entonces
Que data lo que se puede, ¡ah! llamar mi llaga
Y mi fatalidad. Detrás de las decoraciones
De la existencia inmensa, en lo más negro del abismo,
Veo distintamente mundos singulares,
Y, de mi clarividencia, extática víctima,
Arrastro serpientes que muerden mis zapatos.
Y es desde entonces que, semejante a los profetas,
Amo tan tiernamente el desierto y la mar;
Que río en los duelos y lloro en los festejos,
Y encuentro un gusto suave al vino más amargo;
Que tomo con frecuencia los hechos por mentiras,
Y que, los ojos hacia el cielo, caigo en los agujeros.
Pero, la voz me consuela y dice: "Guarda tus sueños;
¡Los sabios no los tienen tan hermosos como los locos!"

1840.




XVIII
LO IMPREVISTO

Harpagón, que velaba a su padre agonizante
Se dice, soñador, ante esos labios ya blanquecinos:
"¿Tenemos en el granero una cantidad suficiente,
Me parece, de viejos tablones?"

Celimena, arrullante, dice: "Mi corazón es bueno,
Y naturalmente, Dios me ha hecho muy bella".
—¡Su corazón! ¡Corazón endurecido, ahumado como un jamón,
Recocido en la llama eterna!

¡Un gacetillero fumista, que se cree una antorcha,
Dice al pobre, al cual ha sumido en las tinieblas:
"¿Dónde, pues, percibes tú, a ese creador de Belleza,
Este Desfacedor de entuertos que tú celebras?"

Mejor que todos, conozco cierto voluptuoso
Que bosteza noche y día y se lamenta y llora,
Repitiendo, impotente y fatuo: "¡Sí, yo quiero
Ser virtuoso, dentro de una hora!"

El reloj, a su turno, dice en voz baja: "¡Está maduro
El condenado! Yo no advertí en vano la carne infecta.
El hombre está ciego, sordo, frágil como un muro
Que habita y que roe un insecto!"

Y por otra parte, Alguien que parece, habían todos negado,
Y que les dijo, burlón y fiero: "En mi copón,
¿No habéis, creo, con exceso comulgado,
En la jovialidad de la Misa negra?

Cada uno de vosotros me ha erigido un templo en su corazón;
¡Habéis, en secreto, besado mi trasero inmundo!
¡Reconoced a Satán en su risa vencedor,
Enorme y feo como el mundo!

¿Habéis, pues, creído, hipócritas sorprendidos,
Que se hace befa del amo, y que con él se trampea,
Y que es natural recibir dos premios,
Ir al Cielo y ser rico?

Es preciso que la caza se pague el viejo cazador
Que se aburrió largo tiempo acechando la presa.
Yo voy a conduciros a través de la espesura,
Camaradas de mi triste júbilo,

A través del espesor de la tierra y de la roca,
A través del montón confuso de vuestra ceniza,
Hasta un palacio tan grande como yo, de un solo bloque,
Y que no es de piedra deleznable,

Porque ha sido erigido con el universal Pecado,
Y contiene mi orgullo, mi dolor y mi gloria!"
—Entretanto, en lo más alto del universo, encumbrado
Un ángel proclama la victoria

De aquellos cuyo corazón dice: "¡Que bendito sea tu látigo,
Señor! ¡Que el dolor, oh, Padre, sea bendito!
Mi alma entre tus manos no es un vano juguete,
Y tu prudencia es infinita."

El son de la trompeta es tan delicioso,
En las tardes solemnes de celestiales vendimias,
Que se infiltra como un éxtasis en todos aquellos
De quienes ella entona las alabanzas.

1863.



XIX
EL RESCATE

El hombre tiene, para pagar su rescate,
Dos campos de toba profundos y ricos,
Que es preciso que remueva y desmonte
Con el hierro de la razón;

Para obtener la menor rosa,
Para arrancar algunas espinas,
Lágrimas amargas de su frente gris
Sin cesar es preciso que riegue;

Uno es el Arte, y el otro el Amor.
—Para rendir el juicio propicio,
Cuando de la estricta justicia
Aparezca el día terrible día,

Será preciso mostrarle granjas
Repletas de mieses, y de flores
Cuyas formas y colores
Ganen el sufragio de los Ángeles.

1863.



XX
A UNA MALABARESA

Tus pies son tan finos como tus manos, y tu cadera
Es amplia como para dar envidia a la más bella blanca;
Para el artista indolente tu cuerpo es suave y caro;
Tus grandes ojos aterciopelados son más negros que tu carne.
En las tierras cálidas y azules donde tu Dios te ha hecho carne,
Tu tarea es la de encender la pipa de tu amo,
Colmar los frascos de aguas frescas y de perfumes,
Arrojar lejos del lecho los mosquitos vagabundos,
Y, en cuanto la mañana hace cantar los plátanos,
Comprar en el bazar ananás y bananas.
Todo el día, donde quieres, llevas tus pies desnudos
Y canturreas muy bajo viejas canciones desconocidas;
Y cuando cae la tarde con su manto escarlata,
Posas suavemente tu cuerpo sobre una estera,
Donde tus sueños flotantes están llenos de colibríes,
Y siempre, como tú, son graciosos y floridos.
¿Para qué, niña afortunada, quieres ver nuestra Francia,
Este país pobladísimo al que siega el sufrimiento,
Y, confiando tu vida a los brazos fuertes de los marineros.
Te despides para siempre de tus queridos tamarindos?
Tú, vestida a medias por muselinas frágiles,
Temblorosa allá, bajo la nieve y el granizo,
¡Cómo llorarías tus ocios dulces y francos,
Si, el corsé brutal aprisionando tus flancos,
Tuvieras que espigar tu cena en nuestros fangos,
Y vender el perfume de tus encantos extraños,
Indolente la mirada, y siguiendo, en nuestras sucias neblinas,
De los cocoteros amados los fantasmas dispersos!

Amor de lo ignoto, jugo de la antigua manzana,
Ancestral perdición de la mujer y del hombre,
¡Oh, curiosidad! siempre les harás
Desertar como hacen los pájaros, esos ingratos,
Del techo que han perfumado los ataúdes de sus padres,
Hacia un lejano espejismo y cielos menos propicios.

1846.





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Las Flores del Mal





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