Poesia: Juan L. Ortiz - Ella iba de Pana Azul - Para que los hombres - Todos aqui - Oh. alla mirarias - Links

Posted by ricardo marcenaro | Posted in | Posted on 10:17





ELLA IBA DE PANA AZUL
(música de Claudio Alsuyet)

Ella iba de pana azul entre las manzanillas. Ella.
La mañana pesaba ya dulcemente.
¿De qué color la sombrillas contra el amor de Octubre?

Entre las manzanillas ella iba.
Entre la nieve ardiente ella iba.

¿En qué ligerísima penumbra sus labios florecían?

(Oh, sin la penumbra,
toda la abeja del aire,
toda, sobre sus labios...).

Entre las manzanillas ella iba.
La voz, la voz de niña, algo indecisa aún,
con pudor, con cierto pudor, de los pétalos ebrios...

Esa edad de Jacinto, ay, y ese aire...
Entre las manzanillas ella iba toda de pana azul,
de un azul más grave que el del Domingo, azul,
porque ya era el destino
de ojos a veces bajos o turbados... mi destino.
Mi destino... Y yo a su lado, qué?
Ella iba de pana azul entre las manzanillas. Ella.


 PARA QUE LOS HOMBRES

Para que los hombres no tengan vergüenza
de la belleza de las flores,
para que las cosas sean ellas mismas: formas sensibles
o profundas de la unidad o espejos de nuestro esfuerzo
por penetrar el mundo,
con el semblante emocionado y pasajero de nuestros sueños,
o la armonía de nuestra paz en la soledad de nuestro pensamiento,
para que podamos mirar y tocar sin pudor
las flores, sí, todas las flores
y seamos iguales a nosotros mismos en la hermandad delicada,
para que las cosas no sean mercancías,
y se abra como una flor toda la nobleza del hombre:
iremos todos hasta nuestro extremo límite,
nos perderemos en la hora del don con la sonrisa
anónima y segura de una simiente en la noche de la tierra.


 TODOS AQUI

Todos aquí para mirar arder y consumirse ese fuego.
Fuego sólo?

No es un corazón apasionado que se ilumina en los cielos?

La pasión de la luz antigua abriéndose en flores encendidas
para mirarse en el espejo humano.

El corazón dice: criaturas terrestres, la vida es gloriosa,
alzaos hasta el fuego armonioso como hasta la sangre
del éxtasis para que todos seáis como simientes ardiendo
para las cosechas sucesivas de la luz común que encenderá hasta la sombra
y la estrellará como un jardín.


 OH, ALLA MIRARIAS

Oh, allá mirarías

        con un noviembre de jacarandaes… sí, sí.


Pero, amigo,

        si no habrá, del otro lado, domingos

                    de niñas…

    ni menos en lo ido

    lilas

            de prometidas…

O mirarías

        con un infinito de islas y otra vez morirías, sin morir

                en unas como ultra-islas?


    Mas amigo, qué otro infinito, allá, podría repetirme

                y aun desdecirme

                en el juego con un confín

                        que no sería

                    confín?

        O entonces con lo que restase

                        de río

                    en el estuario que dicen?

    Qué tiempo, amigo,

        qué tiempo, por Dios, para los tiempos

            en lo que a ellos los ahogara… todavía?

    Ni con un junco, así?


Dónde los juncos, niño mío, en un inconcebible

                        de orillas?

    Un sentimiento, pues,

                soñado por el no, el no, sin límites?

            O un crecimiento, allá, en un modo de existencia y no de vida?

        O donde nada, por tanto, sería,

            de la negación misma, una manera de fermentación hacia el sí

                de unas espumas de jardín…

o hacia ése que las ramas y las hojas, póstumamente, habrían

                        perdido

                    pero en un ir

                        sin fin… :

            espíritus, entonces, por momentos, de unas

                azucenas a la deriva…

        Mas, qué allí…

    qué de los ojos de violeta, y de los ojos de verdín,

                y de los ojos de los narcisos,

        y de esos ojos que les transfiguran,

                en iris

            de la eternidad, sus minutos,

            mas desde las arenillas

            de aquí?


EL JACARANDA

Está por florecer el jacarandá… amigo…

    Es cierto que está por florecer… lo has acaso sentido?
   

    Pero dónde ese anhelo de morado, dónde, podrías

                decírmelo?


En realidad se le insinúa en no se sabe qué de las ramillas…


    Cómo, si no, esa sobre-presencia, o casi, que aún de lo invisible,

                    obsede, se aseguraría,

                el centro de la media tarde misma,

            sobre qué olvido?

        llamando desde el sueño o poco menos, todavía,

            cuando un rosa en aparecido,

            lo cala, indiferentemente, y lo libra, lo libra

                a su limbo.




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